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Jueves, 13 de abril de 2006
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GIJÓN
GIJÓN
Nazareno por Cimadevilla
El Cristo recorrió el barrio en la procesión del Encuentro camino del Calvario, que reunió a numerosos fieles y curiosos en el entorno de la plaza del Marqués
CRISTO NAZARENO. Imagen de la procesión a su salida del Campo Valdés, con los cofrades de la Santa Vera Cruz llevando el paso junto a la playa. / CITOULA
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Bajo un tímido sol de la tarde, cerca de un centenar de personas se apostaban ayer en las escalinatas del Campo Valdés, frente a la entrada principal de la iglesia de San Pedro, desde casi media hora antes del comienzo de la primera procesión de la Semana Santa. Mientras, aún entre un lejano eco de tambores, empezaban a despuntar, camino abajo por las costanillas de Cimadevilla, los capirotes morados de los cofrades de la Hermandad de la Santa Vera Cruz. Último tramo camino del templo, donde les esperaban las imágenes que habrían de salir en procesión.

Afuera, algunos esperaban impacientes, devotos. Otros, parecían no estar muy seguros de cuál era el motivo de la expectación de los ciudadanos. «Me parece que hay una procesión ahora», murmuraban. Frente a ellos comenzaban entonces a formar una treintena de policías nacionales, que aguardaban con uniforme de gala la salida del Cristo Nazareno.

Las notas del Himno de España marcaban el inicio de la procesión del Encuentro camino del Calvario. La imagen asomaba a la calle y se hacía el silencio entre los ya numerosos presentes. Un solemne silencio respetado por todos, que hizo callar incluso al continuo roncar de monopatines de la plaza.

Inicio de la marcha

Representantes de las tres cofradías abrieron la marcha, encabezada por un gran crucifijo revestido en plata. Tras ellos, un nazareno de la Santa Vera Cruz alzaba un relicario de plata que contenía una astilla de la Cruz de Cristo, pedazo del 'limnum crucis' del monasterio de Santo Toribio de Liébana, en pleno año santo lebaniego.

Al romper de los tambores el Cristo Nazareno comenzó a avanzar, dejando ya atrás el pórtico de San Pedro. Iba vestido de túnica blanca, con capa roja de terciopelo y sobre un manto de flores armado con lilium y antirrinum malvas. Tras desfilar en paso solemne junto a las almenas del patio del Colegio Santo Ángel, la imagen se encaminó por la cuesta de la calle del Escultor Sebastián Miranda, hasta la calle de Las Cruces.

Mientras el paso del Cristo se encaminaba a la plaza de la Corrada, de la iglesia de San Pedro partían, acompañadas por los cofrades de la Santa Misericordia, las figuras de una virgen, puñal en el pecho, dolorosa, y de San Juan. Ambas escoltadas por miembros de la Protección Civil, también engalanados para el solemne acto. Estos dos pasos se encaminaron por el Campo Valdés hasta la plaza Mayor, donde esperarían el momento del encuentro.

Encuentro con Verónica

El Cristo bajaba ya la calle de Olavarría, donde el brillo de sus faroles se confundían con el del alumbrado municipal como si toda la escena conformara un mismo paso. Huía el atardecer con el Nazareno por la estrecha calle, que le envolvía de aire marinero.

Frente a la entrada de la Colegiata de San Juan Bautista, le esperaba ya la verónica, de riguroso luto, sobre un pedestal decorado de calvelinas y flor de cera. Las imágenes se pusieron frente a frente, con la fija mirada del Cristo perdida por la fatiga del Calvario.

En ese momento tuvo lugar la primera ceremonia de encuentro, con un Nazareno que dejaba plasmada su imagen en el sudario que le acercaba Verónica.

Después ambos pasos descendieron la Subida a la Colegiata para encontrarse, en una abarrotada plaza del Marqués, con la Dolorosa y San Juan.

Solemne pregón

Durante el definitivo encuentro, el párroco de San Pedro, Javier Gómez Cuesta, narraba la escena, «se ha abierto paso una doliente mujer, una madre». Tras él, tomó la palabra el arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, encargado de dar lectura al pregón. Durante su intervención, el arzobispo señaló que esta representación pretende inculcar en los fieles «tres virtudes necesarias para la existencia y la convivencia: la compasión, el amor y la experiencia gozosa de la fé». «La contemplación de Jesucristo paseando por las calles viene a mostrarnos esas actitudes para la vida», destacó.

Osoro habló de la necesidad de compasión, «de la que está falta la humanidad», y la comparó con la mostrada por la Verónica ante la imagen doliente del Cristo. «Hoy también quiere Cristo aquí grabarlo en nuestros corazones para que sintamos la necesidad de vivir la compasión, imprescindible para convivir», afirmó.

El arzobispo también argumentó acerca de las virtudes del amor y de la comprensión de las razones de Dios, representadas en las figuras de San Juan y la Dolorosa. El pregón concluyó con un «Santina de Covadonga, ruega por nosotros», tras el cual una procesión conjunta marchó hasta la iglesia de San Pedro, donde los pasos entraron a las diez de la noche.



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