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Jueves, 13 de abril de 2006
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GIJÓN
AL AIRE
Oráculo
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ES notorio que Sibila, la bruja de El Natahoyo, está tan orgullosa de su profesión como de su nombre de pila, circunstancia esta última que reflejan sus propias palabras cuando comenta que se trata de un epónimo que da nombre a las grandes profetisas que en la Historia han sido. De entre todas ellas, su favorita es la sibila helena de Eritras, la que comenzó a profetizar en la infancia y fue consagrada al templo de Apolo por sus progenitores. Anunciaba los oráculos en verso, y tuvo ocasión de transmitir muchos ya que vivió nueve vidas de ciento diez años cada una. Suele contar también la de El Natahoyo que los conocimientos proféticos de su ídolo estaban contenidos en los famosos Libros Sibilinos custodiados en el templo de Júpiter Capitalino hasta su desaparición en tiempos del emperador Augusto, ese que tan a gusto está en el Campo Valdés. En tamaño pozo de sabiduría arcana afirma haber bebido nuestra bruja de cabecera...

-¿Puede saberse cómo pudo aprender de algo inexistente, ho? -interrumpió esa mosca cojonera que es mi madre política, la que suele contar a las amistades que aunque su yerno se dedique a escribir columnas, no quiere ello decir que no intentara en otro tiempo ganarse la vida honradamente. No supe qué responder, de modo que abandoné el tecleo y me fui en pos de Sibila para plantearle la cuestión. Y esta fue su respuesta:

«Lo explica muy bien Michael Ende al afirmar que los grandes misterios no son enigmas para los que haya una solución precisa. Para penetrar en ellos hay que dejarse transformar por ellos. Quien no está dispuesto o no sea capaz de ello, se empeñará en vano. Pero el que lo ha conseguido no es capaz de revelar nunca nada a quienes no quisieron o no pudieron. No le entienden. Así es cómo los misterios se protegen a sí mismos».

Pues vale. Mientras los amables lectores sacan alguna conclusión al respecto, y dado que aún faltaban unas líneas, aproveché el desplazamiento y le pedí a la bruja que transmitiera un oráculo en verso atañente al fútbol asturiano, mediante una técnica profética que domeña: la lectura de las huevas del carro de centolla o 'güevaromancia'. Con este resultado: Antes que Sporting y Oviedo / vuelvan a verse en Primera, / en este carro yo 'vedo' / que será una larga espera. / Tan larga que, antes del hecho, / ya estará concluso el trecho / entre Llanes y Unquera.



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