AUNQUE he de reconocer que se trata de un recurso fácil este de apelar al refranero para presentar un nuevo fragmento de esa obra que no cesa titulada 'Diccionario del disparate', el caso es que se me fue el santo al cielo paremiológico y hubo el siguiente resultado:
'En el mes de abril, definiciones mil'.
Pues eso:
Acrehedor: en opinión de algunos deudores recalcitrantes, este adjetivo debe aplicarse al olor desagradable expelido por aquellos que, no obstante tener derecho a que se les satisfaga una deuda, ponen excesivo empeño en el asunto, o bien no se dan por vencidos a pesar del mucho tiempo transcurrido. Sirva como ejemplo del segundo supuesto este dialoguillo aprehendido en una sidrería:
«-Oye, ho, a ver cuando cojones me devuelves los mil duros que te presté el siglu pasau.
-Yes tan pesau, amiguín, que ya me fiedes».
Colas: aunque exista un principio basado en la experiencia que reza lo de que si uno se cambia de cola, la que acabas de dejar empezará a avanzar más de prisa que la nueva, mi señora discrepa del mismo por hallarse firmemente convencida de la imposibilidad de que exista en el universo mundo una cola más rápida que la del autor de este diccionario.
Chigre: hábitat predilecto de una buena parte de los nativos del Principado (de Asturias, claro, que los de Mónaco son más de boîtes y de casino), que con toda seguirdad suscribirán estos versos de Monchu el Liras:
Aunque haya quien me denigre, / voy y hago esta afirmación: / no existe humana invención / superior a la del chigre.
Guloso: el comer de forma desordenada, especialmente en los casos en que en la dieta figuran sustancias picantes, puede producir encendimientos o ardimientos tan intensos como los reflejados en la película titulada 'El guloso en llamas'.
Necedad: a estas alturas no hace falta necedad alguna confirmadora del famoso versículo del Eclesiastés que afirma: «stultorum númere infinitus est», o sea, que el número de necios es infinito. No obstante, no me resisto a la tentación de mencionar aquí una de las últimas necedades de corte universal: la de vivir pegados al teléfono móvil, adminículo imprescindible para muchísimo personal que todavía no acierta a explicarse cómo ha sido capaz de vivir sin él hasta hace mucho tiempo. Se ha convertido, en fin, en un auténtico producto de primera necedad.