Santiago García Guijo es un estudiante salmantino que cursa Restauración en la Escuela Superior de Arte del Principado. Tiene 24 años, una titulación en el bolsillo y en el pasado mes de octubre necesitó un piso alquilado en el que pasar todo el curso. No fue fácil conseguirlo. Nada fácil. «Un compañero y yo, que vinimos de improvisto, nos pusimos a buscar un piso de alquiler, carteles de 'se alquila' por la calle y ¿no hay!».
Salamanca, la ciudad de la que proviene, tiene larga tradición universitaria y también muchos procedimientos que van más allá de las agencias inmobiliarias para encontrar vivienda en régimen de alquiler. «En Salamanca puedes buscar en las cabinas telefónicas o en los locutorios. Hay carteles incluso en las farolas en los que los dueños se anuncian directamente. Pero aquí no, eso no existe», explicó con aire de sorpresa el joven salmantino. «Aquí hay que gestionarlo todo a través de una inmobiliaria». Y eso es algo que no le gusta demasiado. «Es un robo», sentenció el joven estudiante.
Otro de los procedimientos para hacerse con una vivienda en alquiler para estudiantes es la propia Universidad salmantina. «Cuentan con un listado de pisos, revisados por ellos mismos para alquilar hablando directamente con el dueño. Suelen ser pisos bastante majos». Un procedimiento que, a juicio de Santiago García, debería copiar la Escuela de Arte y Diseño del Principado. «Poco a poco, esta escuela se está extendiendo fuera de Asturias y deberían programar este tipo de cosas», comentó.
Una vez olvidada la opción de buscar un alquiler por libre tocaba hacerlo a través de las agencias. Y la sorpresa fue mayor aún. «En muchos sitios nos decían que no querían alquilar a estudiantes». A tal punto llegaba la desconfianza que tuvieron que esperar siete días para que les dieran las llaves, el tiempo que tardaron sus padres en firmar los papeles del alquiler y enviarlos a Avilés. «No se fiaban. Hasta que no tuvieron los papeles firmados no nos dieron las llaves. Tuvimos que irnos a un hostal».
También se encontraron problemas con la relación entre la ubicación y el precio. «En el centro de Avilés por menos de 400 euros no hay nada y yo tengo que entrar a las ocho y media de la mañana a la escuela. Tengo que coger un autobús a las ocho de la mañana, porque estudio en Valliniello, y no es plan de irse a La Luz y levantarse a las seis y media de la mañana para coger dos autobuses y llegar a la hora. Paso todo el día ocupado y cuanto más duerma mejor».
La solución al conflicto la encontraron compartiendo piso, porque incluso en agencias inmobiliarias no fueron capaces de encontrar pisos para dos personas en condiciones habitables. «Encontrar un piso de dos o cuatro habitaciones amueblado es imposible. Sólo los encontramos de tres, así que al final otra compañera de la escuela, que también estaba colgada, se vino con nosotros y ahora somo tres en el piso».
Un piso situado en la calle de Llano Ponte que no está nada mal. Tres pequeñas habitaciones, dos baños y un salón cocina. Rehabilitado, con bastante luz natural, sobre todo en la parte del salón cocina, lugar que los tres estudiantes deben compartir para realizar algunos de sus trabajos, sobre todo aquellos que tienen que ver con el color.
Aunque, tal y como explicó Santiago García, «es un poco frío. Es el único defecto que tiene, pero nos arreglamos con unas estufas. Por lo demás está bien. Faltaban algunas cosas y a la hora de ponerlas, el casero sólo aceptaba si veía que se iba a deteriorar el piso. Por ejemplo: aislar la encimera para que no arroyase el agua sí, pero ponernos mesas de estudio o estanterías no. Así que un día fuimos al Ikea y arrasamos con todo», explicó.
El precio de su vivienda: 470 euros al mes. «Tocamos a algo más de 150 euros cada uno. Es un poco caro, pero es lo mejor que encontramos. Y el piso no está mal en comparación con lo que hay por ahí. Hay muchos sin amueblar; no entiendo como los alquilan».