Hace días hablando con un joven informático de LA VOZ DE AVILÉS me confesaba: Hace diez años aún estaba yo y algunos más componiendo con tipos de imprenta al pie de linotipia. En efecto, en 10 años hemos cruzado el ecuador, el paso entre la galaxia Gutenberg, desde la vieja imprenta que funcionó con sistemas muy parecidos y en la que Johannes Gensfleisch zur Laden, que ese era su nombre verdadero, reemplazó los grabados por caracteres móviles en 1450, a los medios informáticos que, salvo el teclado que aún resiste los envites de la nueva era, todo lo demás no tiene apenas nada que ver con lo anterior. Hoy la prensa, el libro, la propaganda digital por Internet, etc., hace que nos replanteemos de nuevo la utilidad y el servicio de este medio que no siempre se usó ni se usará al servicio de la justicia, de la fraternidad universal y de la paz.
Por eso y con motivo del centenario de la muerte (1906-2006) del primer tipógrafo avilesino creo que es necesario y conveniente hacer un alto en el camino para reflexionar sobre los nuevos métodos, y hacer memoria y recordación de las viejas: rotativas, fotograbados, linotipias, caracteres, y todo el resto de instrumental al uso, a fin de recogerlo con vistas a una exposición o museo cara a las nuevas generaciones que acaso desconozcan todo ello a la vuelta de muy poco. El tiempo vuela y las cosas se deterioran, se pierden y se olvidan.
Al menos recordemos a grandes rasgos cuatro datos de su vida en la fecha de su muerte aunque sólo sea como un mínimo homenaje y para que este día no pase desapercibido en los anales periodísticos de nuestra villa.
Mínima biografía
Antonio María Pruneda González era hijo del arquitecto Manuel Pruneda y de Teresa González. Nació en Oviedo el día 10 de febrero de 1835. Antonio María apartándose de la carrera de su padre funda en Oviedo una Imprenta en 1859 con el librero Laureano Mántaras, sociedad que duró escasamente un año.
A la edad de 31 años llega a Avilés para instalar su imprenta por iniciativa de la Sociedad Artística Avilesina y empieza su labor en 1866. La imprenta cambió de lugar e incluso de la denominación varias veces. Publicó prensa, en alguna ocasión contra sus propios intereses. No introdujo los nuevos sistemas de vapor moviendo las máquinas a mano. Terminó sucumbiendo. Tres son los periódicos más importantes salidos de sus prensas: El Eco de Avilés (1866-1868)... El Porvenir de Avilés (1868-1903) que continúo en manos de su hijo Isidro algún tiempo más, y La Luz de Avilés (1869-1891). Siempre Avilés tras palabras tan hermosas como La Luz..., El Eco..., el Porvenir...
Antonio María contrae matrimonio en 1867 con la avilesina Telesfora Fernández del Rey Alvaré, de cuyo matrimonio nace Adela, Sara, Isidro, Servando, Ángel, Antón y Manolín (que murió de niño a consecuencia de una patada de un caballo a la puerta de casa).
Ángel casó con Cándida Obaño de cuyo matrimonio nacieron Eladia, Adela, Ángel, María (falleció de niña), Sara (falleció de niña), Aida y Ángela Telesfora, que a aún sigue entre nosotros en su chalet de Villa (Corvera) a la que desde aquí deseamos siga mucho tiempo entre nosotros.
Partida de defunción
«El día diecisiete de Abril de mil novecientos seis, yo el infrascrito Cura Ecónomo de la parroquia de San Nicolás de la villa de Avilés, obispado y provincia de Oviedo, mandé dar sepultura eclesiástica en el Cementerio de esta villa al cadáver de Antonio Pruneda y González (sic) que falleció el día anterior a las seis de la mañana en la calle de Rivero de esta parroquia a los setenta y un años de edad, después de recibir los Santos Sacramentos. Era natural de Oviedo e hijo legítimo de Manuel y de Teresa González, naturales de Oviedo. Estaba casado con Telesfora Fernández Villa de Rey y dejó por hijos a Servando, Adela, Ángel, Antonio Mª, Isidro y Sara. Se le hizo entierro y funeral de tercera clase. Y para que conste lo firmo. Lic. Gumersindo González Méndez».
Su esposa Telesfora, hija de Hermógenes y de Juana, fallece también en Avilés, el 21 de marzo de 1921 a los 71 años (Libro 15, folio 81, nº 322).
En la prensa
No he tenido tiempo ni ocasión de rastrear más prensa de la época. Sólo tomo nota de un medio que además ejerció de competencia material y moral. Pues bien, a pesar de que El Diario de Avilés, fue siempre su gran enemigo, que rivalizó y polemizó con él muy a menudo, sin embargo a su muerte le dedica estas frases no exentas de admiración y de respeto, reconociendo su valía y su trabajo al frente de la imprenta y publicaciones, lo que dice mucho a favor de la prensa de entonces:
«Días pasados publicamos la noticia de la muerte de don Antonio María Pruneda y González habiendo producido su desaparición profundo sentimiento en Avilés.
Pruneda era el decano de la prensa avilesina y el principio, digámoslo así, del periodismo avilesino.
Llegó a nuestra villa desde Oviedo donde residía en 1866 alentado por unos cuantos amigos que le indujeron a trasladar su imprenta a Avilés, estableciéndose en la Plazuela de San Nicolás donde empezó a publicarse el primer periódico avilesino de intereses morales y materiales 'El Eco de Avilés' semanario que redactaba don Lino Palacio, tío del hoy académico de la Española, don Armando, don Estanislao Sánchez Calvo, don Cástor Álvarez, don Ramón Álvarez poeta distinguido y otros amigos entre los que se encontraba don Ramón González Llanos.
Pruneda era defensor del interés procomunal y los que hemos batallado y escrito mucho en su compañía sabemos bien la buena fe en la que inspiraba todas sus acciones.
Obrero de una labor ingrata en estrecho círculo de acción, baja al sepulcro con la gloria del humilde que corona dignamente sus deberes, legando a su familia el caudal de una vida de sacrificio honrado mal correspondido de la suerte.
A pesar de la enfermedad que desde hace años minaba su existencia, teniéndole en casa retenido, nunca descuidó la publicación de 'El Porvenir' que redactaba en compañía de sus hijos, a los que unimos nuestra pena, nuestro llanto, para dar un adiós eterno a Pruneda, al compañero de quien nos separaron implacables diferencias de la vida local, sin dejar por eso de conservar los recuerdos que nacen de las reminiscencias tristes, a la vez que gratas, de los años juveniles y el respeto que a todos nos merece el maestro». (El Diario de Avilés, 26 de abril de 1906)
Ayer tarde me acerqué hasta el Cementerio de La Carriona después de haber hablado con su biznieta Mirta quien gentilmente me indicó el lugar donde reposan los restos del impresor. Fueron trasladados al panteón familiar el 6 de noviembre de 1912. Allí reposan también los de su esposa Telesfora Fernández Villa de Rey Alvaré, fallecida en 1921. Y allí también se encuentran los de algunos de sus hijos y descendientes. (Libro Registro correspondiente a sepulturas de 3ª, folio 31. Cementerio de La Carriona. Avilés,).
Hoy domingo, día 16, fecha del centenario de su muerte, un grupo de amigos, y todos cuantos lo deseen, nos acercaremos a su tumba a depositar un ramo de flores en señal de afecto a su memoria. Era nuestro deseo que se acercara al homenaje también Pola, su nieta que aún vive en su casa de Villa (Corvera); veremos si su delicada salud y avanzada edad se lo permiten. Diremos además unas palabras y rezaremos una oración por su alma, agradeciendo en nombre de Avilés la gran empresa que en su tiempo puso en pie, y compensando de algún modo el desamor a ese inestimable trabajo que llevó a cabo nada menos que durante 40 años, toda una vida... Desde que en 1932 los tipógrafos avilesinos dedicaron un folleto al primer impresor en Avilés Antonio María Pruneda, apenas se hizo de él memoria alguna, siendo así que fue el primero que abrió un establecimiento tipográfico en Avilés, con imprenta, librería y encuadernación. Y fue en aquella primera rotativa donde se publicó 'El Eco de Avilés', primer periódico de nuestra villa. Su aparición atrajo la atención de Palacio Valdés dedicándole una de sus mejores novelas: 'El cuarto poder', frase feliz atribuida al escritor inglés Edmundo Burke (1729-1797), que tuvo una clara visión profética de la fuerza política de este medio en un momento en el que nadie vislumbraba su poder en la sociedad.