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Domingo, 16 de abril de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
Sociedad
Objetivo, un libro
Encontrar una editorial que publique la obra a un autor desconocido es tarea larga y descorazonadora. Ponerse manos a la obra y autoeditarselo es para muchos la respuesta
HISTORIA. Marcelino Laruelo Roa ha logrado poner luz a tres libros de los que ha vendido miles de ejemplares. / CITOULA
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El objetivo está claro. Sacar del cajón -o del disco duro- aquellos folios en los que se vertieron noches y noches de insomnio. Hacerles salir del silencio propio para mostrarse en escaparate ajeno. Pocos escritores escriben con intención de que su obra se embadurne sólo de intimidad. La pretensión es llegar a la mayor cantidad de lectores posible. Y ahí es donde el deseo se convierte para muchos en una auténtica odisea. Las editoriales consolidadas, aquellas que además de ponerle tapas duras o blandas al texto mimado ofrecen una buena distribución, no tienen las puertas abiertas a todo el mundo. «Tenemos nuestras previsiones cubiertas» o «su obra no encaja en nuestros objetivos», suelen ser las respuestas, cuando las hay, más habituales. Pero las negativas no frenan a los autores.

De hecho ha crecido una pequeña industria que abre las puertas para publicar un libro a quienes otros se las han cerrado. Internet es una de las muchas grandes habitaciones que se muestran al otro lado, pero, de lo que aquí se trata es de afrontar la aventura en solitario. Y es que es alto el número de escritores en Asturias que, alentados por la odisea que supone entrar en el mercado editorial, se deciden a costearse ellos mismos la obra que quieren ver publicada. Javier Melón, de la librería Central, de Gijón, asegura que son «muchísimos los títulos», sobre todo de investigación histórica y en un segundo lugar de poesía, que llegan a sus estanterías bajo el marchamo de «edición del autor». Pero no hay que olvidar que una autoedición no siempre se acompaña de ese descriptivo sello, sino que aparece, en muchos casos, oculta tras el nombre de una pequeña empresa que lo único que pone es, precisamente, eso, el nombre, pues los gastos corren todos por cuenta del autor.

A la segunda, tampoco

Entre los que no recurren a ese truco y se autoedita sin intermediarios de ningún tipo destaca Marcelo Laruelo Roa, un escritor gijonés que se ha convertido, según los libreros, en el autoeditor de más éxito del momento. «Es el que más vende», dice Melón.

Laruelo ha sacado ya tres títulos a la calle. 'El Corvera a la vista' (1998),'La libertad es un bien muy preciado' (1999) y 'Muertes paralelas' (2004). Todo un triunfo al que no llegó por los cauces habituales, aunque lo intentó. Recuerda el escritor cómo con su primer manuscrito acudió a una editorial en la que se le rechazó «sin leer el texto», algo, que, lejos de amilanar a este gijonés ,le animó a trabajar más duro. «Pensé y por qué no, y me puse manos a la obra para sacar mi propia edición».

El caso es que, convertido en un éxito de ventas el primer título (agotó dos tiradas, más de 2.000 ejemplares), llamó a otra editorial al encarar el segundo. La respuesta fue la misma. Con el tercero, que estudia «los hechos y los procesos que llevaron a la muerte a las principales autoridades civiles y militares que fieles a la República fueron asesinadas en las zonas norteñas», ya ni se lo planteó. Ahora le ha cogido el gusto. «Es una labor de artesanía, pero no sólo porque se trata de un trabajo a mano, sino porque es marginal, como la pura artesanía».

El caso de Laruelo no es el único. Cada año, pagándolo de su bolsillo, miles de autores desconocidos lanzan a la calle miles de ejemplares. El primer paso es acudir a una imprenta. Hay una gran variedad dónde elegir y casi todas saben afrontar el encargo. Armando Gil, gerente de Gráficas La Morgal, de Siero, asegura que de su empresa salen a la calle todos los meses uno o dos libros. «Y no siempre son de autores desconocidos», advierte.

Seleccionada la editorial hay que determinar el presupuesto. Este es muy variable. Si la edición es de calidad la cifra más baja se acerca a los 3.000 euros, pero puede superar los 5.000. Todo depende, explica Armando Gil, de la elección que haga el autor sobre los elementos a utilizar. «Si es edición rústica, si las tapas son blandas o duras, si se elige un papel u otro, el número de páginas, las tintas, si lleva ilustraciones o fotografías. Son multitud de decisiones que el autor debe ir tomando para definir el presupuesto». Una vez hecha la selección, un maquetador ofrecerá un primer diseño. «Lo bueno de esto es que nadie toma ninguna decisión por ti. Tú eres el dueño y señor de todo el proceso y lo que sale a la calle será aquello que tu hayas decidido hacer», dice Laruelo, no sin apuntar que, «la dependencia económica dice mucho en este sentido».

La distribución, clave

Otro de los autores que ha tomado el singular camino de la autoedición, conocido por haber superado no sólo la fase de publicación, sino también la de la venta, que es el segundo gran reto, es el profesor de Derecho de la Universidad de Oviedo, Luis Rodríguez-Vigil, autor de varios textos y artículos sobre legislatura, y que, bajo el seudónimo de César Weiss, se ha apuntado a la modalidad de autoedición.

El de Weiss es un caso extraordinario, pues se da la circunstancia de que su primera novela 'Por fin, delincuente' fue publicada por una editorial al uso, la asturiana Septem. Pero el libro no tuvo buenos resultados y decidió a su autor tomar otro camino para el siguiente título. Rodríguez-Valdés o lo que es o mismo Weiss, tiene una trilogía de género («lo que me gusta escribir bajo ese seudónimo es novela negra», dice) esperando. El primer título de ésta, 'Las hojas gualdas', está en la calle desde el pasado marzo y lo está después de haber pasado por las manos de Armando Gil en la imprenta de Siero. «Quise que me publicara una firma nacional, para asegurarme una buena distribución, pero finalmente, decidí hacer yo la edición y conseguir una distribución paralela. Y el resultado ha sido extraordinario. A los 15 días de que el libro viera la luz, mis distribuidores me estaban ya dando las mejores noticias». Para este escritor, la clave está en la distribución. Uno puede sacar al mercado un libro, imprimirlo en el mejor lugar, hacerlo con todos los recursos, utilizar los mejores materiales y al mejor maquetador, pero «si no hay un distribuidor que mueva ese libro la inversión no sirve de nada». o sólo para enseñar a los amigos y a la familia, algo que también está en las expectativas de muchos autores, aunque la mayoría lo que quiere es dar a conocer algo que «realmente consideramos interesante».

Por eso, cada año, cientos de anuncios reclaman nuevos autores. La autoedición se ha convertido en un gran negocio, sustentado unas veces por la ilusión y otras por una auténtica necesidad de autor.



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