Estaba en la plaza de San Pedro cuando apareció la fumata blanca y no se sorprendió de escuchar el nombre de Joseph Ratzinger. El sacerdote asturiano Fidel González sabía que era el alemán el Papa que necesitaba la Iglesia católica para afrontar este siglo XXI. El allerano, misionero comboniano, catedrático en las universidades Pontificias Urbaniana y Gregoriana de Roma y consultor de algunos dicasterios (congregaciones vaticanas), recuerda para EL COMERCIO aquel día en el que se eligió en el Vaticano a un nuevo Papa. El próximo miércoles se cumple un año.
LA FUMATA
«Se vio claramente que era blanca»
Me encontraba en la plaza de San Pedro, con otros miles de personas. En los primeros momentos no se distinguía bien si era blanco o gris el humo, pero tras unos momentos, se vio claramente que era blanco. Luego empezarían a tocar las campanas. Junto a mí tenía a un obispo amigo que había recibido en mi casa, y cuando el cardenal Medina, de Chile, salió al balcón para dar el anuncio, y lo hizo pausadamente, se me escapó: «Joseph Ratzinger». Para muchos habrá sido una sorpresa, pero para los observadores creo que no.
EL CÓNCLAVE
«A ninguno nos cogió por sorpresa»
Viviendo en el ámbito vaticano uno seguía de cerca todo el movimiento. Además, por el lugar donde vivía pasaban numerosos obispos y cardenales, algunos antiguos alumnos nuestros. A nadie nos cogió de sorpresa la elección del cardenal Joseph Ratzinger, pues estaba en boca de muchos. Yo mismo, eco de lo que oía, se lo dije un día a una televisión americana. No hacía falta ser un profeta; bastaba observar, escuchar y ver lo que en este mundo tan complejo de la postmodernidad, la Iglesia necesitaba para entender que alguien como Ratzinger podría ciertamente ser el Papa. Creo que los cardenales, que lo conocían, se dieron cuenta de ello; pero además, sus homilías, ya desde el funeral de Juan Pablo II, pusieron de manifiesto su talante excepcional. El hecho de que en los últimos dos siglos sólo él y Pio XII fueran elegidos tras sólo un día de votaciones lo pone de manifiesto. Su elección fue rápida porque sobre él se fijaban todas las tendencias que lógicamente hay en estas asambleas.
UN AÑO DE RATZINGER
«Ha continuado el estilo Wojtyla»
No es fácil hacer balance. Ha concluido las iniciativas ya programadas por Juan Pablo II, como la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia (Alemania), continuándola con el mismo estilo y mostrando ya aquellos aspectos de humanidad y atracción de la gente; ha celebrado el Sínodo sobre la Eucaristía, fundamental para la vida de la Iglesia, las audiencias de los miércoles, superando la afluencia de gente de su predecesor, y, sobre todo, ha ido tejiendo una serie de encuentros y relaciones a todos los niveles, que aunque no sean muy vistosos exteriormente, son los que construyen verdaderamente las relaciones entre los pueblos.
Una cosa queda ya demostrada, y es que la Iglesia ya no es 'eurocéntrica', sino que cada vez más corresponde a las dimensiones del mundo, como lo ha demostrado en la elección de los nuevos cardenales. En algunos casos han sido nombramientos de práxis normal, pero el hecho de haber nombrado algunos asiáticos, entre ellos un chino, abre nuevos horizontes en la vida de las relaciones de la Iglesia con el mundo asiático, especialmente con China. Este nombramiento va más allá de un cargo honorífico, es la apertura a un mundo y el comienzo de un diálogo muy delicado, pero fundamental para el futuro; lo mismo lo veremos pronto, sin duda con significativos cambios estructurales en el mismo gobierno de la Iglesia, en la curia romana, en encuentros mensuales con obispos de todo el mundo... Y sobre todo con ese diálogo muy suyo con el mundo de la cultura a-católica, y si se quiere 'laica', que el Papa-teólogo está llevando a cabo.
LOS PRÓXIMOS AÑOS
«Inaugurará un estilo nuevo»
Yo creo que continuará sobre esta misma línea a lo Juan Pablo II, cambiando, sin embargo, aquel estilo irrepetible, pero inaugurando, como de hecho ya vemos, un estilo nuevo, más sosegado, menos viajero, más recortado en muchas cosas, pero fundamental. Una prueba de ello tenemos en la última encíclica 'Deus caritas est', que ha traído un aire nuevo en muchos aspectos, y con un lenguaje que todo el mundo puede entender.
Hoy nos encontramos sumergidos ya en una cadena de conflictos mundiales sangrientos y trágicos. En la últimas semanas el mismo Papa ha tocado algunos en reuniones con los cardenales. Se trata de conflictos que ya son planetarios a causa de la facilidad de la globalización. Este Papa se da cuenta de ello y sabe moverse según su misión. Por todo ello, Benedicto XVI favorece la claridad teológica frente al mundo de las ideologías de cualquier matriz que provengan y que a veces dialogan también en ambientes católicos y clericales, por no hablar del mundo laico.
SUS APORTACIONES
«Era el Papa que se necesitaba»
Benedicto XVI ha comenzado a dar un sentido permanente a la experiencia de Juan Pablo II. No hay que olvidar que Ratzinger fue uno de los teólogos que hicieron el Vaticano II. Él, por lo tanto, está intentando llevar adelante la misión de aplicarlo con serenidad y con la fuerza de su entendimiento interior. Además, es reconocido como uno de los grandes pensadores cristianos del siglo XX y lo es de estos comienzos del siglo XXI; pertenece a esa media docena de notables teólogos que no pasan, que hacen historia.
Lo demostró ya durante los días que precedieron al conclave; creo que los cardenales entendieron que éste era el Papa que la Iglesia necesitaba. Es interesante que el mundo cultural laico italiano, por ejemplo, más atento, lo haya percibido, a veces con mayor agudeza que en muchos ambientes católicos. Es un hombre con el que el mundo de la cultura actual puede dialogar, porque la conoce bien, muy bien. Recuerdo, que tres cardenales, en días precedentes al cónclave, a una pregunta mía me respondieron: «Ese sería el Papa que necesitamos». Y así fue.
Pero hay otro aspecto que muchos no conocen; es un hombre de una inmensa cultura, como quizá ningún Papa del siglo XX haya tenido, con un corazón de niño, de una sencillez inmensa... Sabe conservar su propia intimidad personal, pero nunca hace sentir a su interlocutor la distancia de su misión de Papa, es también cercano y desarma inmediatamente a sus interlocutores.
Y hay un dato que desbarata todas las previsiones: el papa Ratzinger está superando este año, como escribía el periódico italiano 'Corriere della Sera', el número de personas que va a sus audiencias. En el estudio citado se habla no sólo de duplicación, sino de triplicación con los datos del grande Juan Pablo II en los mismos meses del año pasado. Es algo que habla por sí mismo.
SU PRÓXIMA VISITA A ESPAÑA
«Está abierto a todo diálogo»
No soy un profeta ni un entendido en el mundo de la política, pero yo creo que como el papa Ratzinger es un hombre libre y no tiene otro interés que el del Evangelio, ciertamente está abierto a todo diálogo y al encuentro con todos los que verdaderamente tengan un disposición a conocer los problemas de la gente. En este sentido yo creo que todos esperamos mucho de su visita a España con motivo del congreso sobre la familia en Valencia. Además, creo que sus intervenciones sobre el papel de la Iglesia en la sociedad y sobre la necesaria laicidad del estado no dejen dudas sobre cuál es su posición sobre temas tan delicados como las relaciones Iglesia-Estado en cualquier sociedad y sobre el tema de la libertad religiosa, el respeto a la persona y, sobre todos, los problemas conexos.