SE nos ha ido para siempre Fernando Cadavieco. Se ha ido con 86 años dedicados íntegramente a sus barrios de La Calzada y El Natahoyo y, de ellos, más de medio siglo al Club Natación Santa Olaya y otros 20 al Coro Asturiano. Por ello, no cabe escribir de la historia de Gijón sin que el nombre de Cadavieco aparezca como hombre polivalente y entregado a sus convecinos.
Más, con ser mucha su bondad y su entrega al prójimo, quizá no estaríamos ahora dedicándole estas líneas de no haber sido por su total vinculación al Club Natación Santa Olaya. Es posible que en el listado de socios de esta entidad haya más de uno con ese apellido, pero con nombre simplemente Cadavieco tal parece que no hay más que uno. El que siendo fundador de un club que más de por sí parecía una aventura, acometió la tópica idea de construir una piscina donde no había más que piedras e ilusiones. Quizá por ello resultó ser lo que Panchano bautizó como 'La piscina risueña', por la facilidad con que se batían los récords en una pileta en la que Cadavieco fue arquitecto, jefe de obra y albañil.
Sería de ilusos tratar de resumir en una cuartilla la ingente labor de Cadavieco en el Santa Olaya y, consecuentemente, en la natación gijonesa y asturiana de la que fue directivo, monitor y todo lo que se puede llegar a ser dentro de un club. Pero hay algo que hará inmortal a Cadavieco: su visión y constancia para recopilar lo que se ha escrito del Santa Olaya desde hace 53 años.
Aquellas notas de prensa que primero constaban de media docena de líneas para luego llegar a ocupar páginas enteras fueron pacientemente recortadas y encuadradas con el mimo y el cariño de quien escribe su propia historia, por lo que hoy el Santa Olaya puede presumir de ser el único club deportivo de España que cuenta con tan preciado tesoro documental desde el primer día de su creación hasta la fecha.
Hoy despedimos a Cadavieco, un buen amigo y trabajador incansable, modesto y de abnegada sencillez. Dicen que estaba soltero cuando en realidad estaba casado con su barrio. Sus hijos fueron el millar de nadadores que durante medio siglo han pertenecido al Club Natación Santa Olaya, porque todos ellos saben muy bien que han perdido a un padre. Descanse en paz.