La Iglesia debe «dar las gracias» a los jesuitas por su labor «de evangelización, incluso en las tierras más lejanas». El arzobispo de Oviedo, Carlos Osoro, reconoció con estas palabras, pronunciadas ayer en Gijón, que «la Iglesia tiene mucho que agradecer a los jesuitas», por su arduo trabajo «sobre todo en estos tiempos en que es necesario dinamizar el mensaje de Dios».
Para acompañar con hechos las palabras, Osoro se encargó de presidir el Día Grande del Jubileo 2006 con el que la Compañía de Jesús celebra este año los 500 años del nacimiento de San Francisco Javier y del Beato Pedro Fabro, así como los 450 de la muerte de San Ignacio de Loyola. El 22 de abril fue elegido para la magna conmemoración por ser el día en que, en 1541, los tres mencionados pronunciaron sus votos ante la imagen de la Virgen María, en la basílica romana de San Pablo, momento en que se considera que nace la Compañía de Jesús.
Mientras el obispo auxiliar, Raúl Berzosa, presidía una ceremonia similar en Oviedo, en la iglesia de la Inmaculada gijonesa Osoro hacía lo propio, en una ceremonia religiosa en la que estuvieron presentes representantes de toda la comunidad jesuita de la región.
Así, tras el sermón del arzobispo, varios jóvenes entregaron las ofrendas que los jesuitas de la Inmaculada, de Santa Eulalia, de San Esteban del Mar, de la Fundación Revillagigedo, del Hogar de San José y de la sociedad Vanguardia Astur realizaron para conmemorar la jornada más señalada de su jubileo.