El avance del dique de Torres señala ya hacia el Norte. Durante el pasado fin de semana se inició el relleno desde tierra en la primera curva del dique, que pierde la protección del cabo y se interna mar adentro, según anunció ayer el director de la Autoridad Portuaria de Gijón, José Luis Díaz Rato.
La misma fuente indicó que los trabajos continúan con las máximas precauciones de protección, para evitar que el oleaje cause daños como los provocados el pasado mes de setiembre.
Las previsiones meteorológicas son muy tenidas en cuenta y Díaz Rato señaló que probablemente se vuelva hoy a cerrar con bloques de protección el avance, ante la previsión de aumento del oleaje.
Otra novedad apuntada por el director de El Musel, que lo es también de la obra, sin perjuicio de la responsabilidad de la unión temporal de empresas adjudicataria, es que la anchura de la plataforma de avance se incrementará entre 5 y 7 metros, para dejarlo entre 20 y 25 metros y facilitar la maniobra de los camiones cuando realizan los vertidos.
La mayor dificultad que ahora afronta la obra es que pierde la protección del cabo. El arranque del dique se hizo en dirección Nordeste y en paralelo a Punta Forcada, de forma que el mal tiempo afectaba especialmente con viento y oleaje del Nordeste, más activo en verano que en invierno. A partir de ahora el dique avanzará expuesto a los temporales del Norte y muy pronto, cuando se supere Punta Mayor, también del Oeste.
La necesidad de aprovechar la bonanza meteorológica propia del verano hace que se hayan dispuesto turnos para trabajar las 24 horas del día, incluidos domingos y festivos, según informó el pasado día 11 el presidente de El Musel, Fernando Menéndez Rexach.
Eso hace que el dique se prolongue a un ritmo próximo a los 15 metros diarios, como consecuencia de unos vertidos terrestres, también diarios, de unas 20.000 toneladas de pedraplén (cada camión aporta unas 25 toneladas por viaje) y entre 4.000 y 5.000 toneladas de escollera.
Recuperación
El objetivo es recuperar un retraso provocado por el inicio de las obras más tarde de lo previsto y, posteriormente, por dificultades imprevistas en el desarrollo de los trabajos, que afectaron tanto al acopio de materiales de vertido como un otoño de 2005 especialmente duro en lo que a condiciones atmosféricas se refiere.
Todo ello provocó que El Musel sólo pudiera invertir en 2005 el 28,6% de lo presupuestado en las obras de ampliación, pues certificó obra por valor de 24,793 millones de euros y, según el plan de empresa del año anterior, estaba previsto que lo hiciera por importe de 86,711 millones.