Una huelga de matarifes provocó ayer el cierre del macelo de Gijón, tras las numerosas protestas de carniceros y tratantes, que se concentraron en las instalaciones para exigir a la gerente, Berta Fernández, el sacrificio de cien cabezas de ganado. Los trabajadores anunciaron el paro a la empresa la semana pasada, pero los clientes no tuvieron conocimiento de la situación hasta ayer mismo. Los 14 operarios reclaman a Semagi, concesionaria de la instalación, el pago del incremento de la carga de trabajo correspondiente al primer trimestre, aprobado en el convenio. Tras conversar con los representantes del sector cárnico local, los matarifes decidieron matar 70 cabezas de ganado de particulares (ganaderos y carniceros autónomos) pero se negaron a hacer lo propio con otras 30 de la empresa Ascar, con participación en la sociedad que gestiona el matadero. La gerente anunció que estas reses serán sacrificadas en Mieres, tras conceder la Consejería de Salud una autorización extraordinaria para su traslado.
Fernández ordenó el cierre de las instalaciones ayer por la tarde y aseguró que, a partir de hoy martes, el servicio a los clientes se reanudará, bien en Gijón o bien en Mieres, en función de cómo se desarrolle el conflicto laboral. Anunció la decisión a los carniceros y tratantes que se agolpaban a la puerta de su despacho, después de que los matarifes le comunicaran que sacrificarían 70 reses y que hoy reanudarían su actividad. Según explicó a EL COMERCIO, adoptó esta medida siguiendo las indicaciones de la Guardia Civil, que ayer se personó en el macelo para verificar el estado de los animales.
Sin embargo, fuentes del instituto armado precisaron que los agentes encargados del caso se limitaron a comprobar que las reses tenían comida y agua y que su estado era bueno, dado que no tienen atribuciones para ordenar el cierre del macelo en las actuales circunstancias. Al parecer, no se detectaron irregularidades, pese a que los matarifes y varios carniceros indicaron que hasta poco antes de la llegada de los guardias civiles los animales no habían probado bocado. Algunos estaban en los establos desde el viernes por la tarde, casi cuatro días, por lo que varias personas les llevaron pienso ayer a primera hora, para evitar que «siguieran perdiendo peso».
Varios ganaderos, que no fueron avisados del cierre de las instalaciones, al igual que muchos otros clientes, se presentaron ayer en Granda con sus reses. La gerente les informó de que tenían que dejarlas en Mieres para que fueran sacrificadas, aunque no les concretó si Semagi les abonará el transporte hasta la cuenca.
Berta Fernández tampoco aceptó que el ganado entrase en el macelo hoy por la mañana, antes del inicio de la jornada laboral de los matarifes, tal y como se hace en algunas ocasiones. «No quiero arriesgarme a que no maten», repitió ayer varias veces, incluso después de ver que los operarios habían empezado a sacrificar las 70 cabezas de ganado.
Algunas carnicerías de la ciudad ya han empezado a sufrir los efectos de la huelga, aunque por el momento los problemas de desabastecimiento no se han generalizado. «La gente no come pollos por la gripe aviar y ahora tampoco podemos vender ternera. No hay derecho a que Semagi no nos haya avisado y que ahora tengamos casi que pedirles un favor personal a los matarifes», señalaba ayer un encolerizado carnicero.
Los vendedores mostraron ayer su malestar por la falta de información y por la tardanza en la búsqueda de soluciones. «Primero nos dijeron que si queríamos tener carne teníamos que venir nosotros mismos a matar. Poco después cambiaron de idea y dijeron que las vacas iban para Mieres».