Nació en Oviedo, trabaja en Cudillero, y quiere vivir en Teixidiello, un lugar perdido en la montaña del que acaba de comprar seis de sus ocho casas. Ana Isabel López es prácticamente la propietaria del pueblo, una aldea en ruinas y deshabitada, situada en la braña de Cudillero, a apenas siete kilómetros de San Martín de Luiña, donde proyecta asentar su vida. «Había heredado un dinero de mi madre y pensé que en lugar de invertirlo en pieles y joyas podía invertirlo en piedra», dice. Y eso es lo que hizo hace ya siete años. Desde entonces Teixidiello no le ha dado más que satisfacciones, paz, aire puro y también, todo hay que decirlo, mucho trabajo. «Entre Maxi, mi compañero, y yo estamos llevando a cabo todas las obras de restauración. No pasa nada. Vas poco a poco y con mucho amor acabas logrando lo que te propones». Ana Isabel, de momento, piensa que Teixidiello puede convertirse en una plantación ecológica. Quién sabe. Lo que tiene claro es que no será un hotel.
«Soy hospitalaria, pero estos lugares tan especiales no son para ir y venir de gente». De hecho tampoco lo tendrían muy fácil porque para acceder al pueblo sólo se llega en todoterreno.
Por eso Ana Isabel aprovecha el órdago y cree que la Administración pública debería mantener los accesos a estas poblaciones y no dejar que sean absorbidos por la maleza. «Es una pena que estos pueblos hayan quedado deshabitados. Son tan bonitos. Y si además ahora nadie trata de conservarlos acaban devorados por su entorno».
A pesar del difícil acceso, el pueblo de Teixidiello tiene cobertura telefónica, lo que permite a sus dos vecinos estar en contacto con la realidad. De otro modo, la aldea ni siquiera se atisba desde la carretera. Los inviernos allí son duros y, de hecho, la casa que ya habita Ana Isabel López no tiene calefacción. Pero, como ella dice, «¿Para qué la quiero?, donde esté un fueguecito de leña que se quite todo».