El matadero de Gijón ha vuelto quedar paralizado por segunda vez en una semana. El despido de cinco matarifes, el miércoles, ha provocado el paro total del resto de operarios encargados de los sacrificios, a excepción de una trabajadora. Ayer ni siquiera entraron en la nave, en protesta por la decisión adoptada por la empresa y como gesto de solidaridad con sus compañeros. Los ocho trabajadores en huelga mantuvieron una reunión con la gerente de Semagi, Berta Arias, para comunicarle que no matarían ganado hasta que los despedidos fueran readmitidos y la plantilla de matarifes cobrase los excesos de jornada del primer trimestre del año. Por su parte, Arias expuso los argumentos de la empresa y les instó a acometer la matanza y a resolver las diferencias en los juzgados, al tiempo que les advertía de que su decisión podía tener «consecuencias».
Por el momento, el cierre de las instalaciones tendrá un carácter indefinido. Decenas de carniceros y tratantes llamaron ayer a las oficinas de Semagi -no recibieron aviso oficial de la suspensión del servicio- para saber cuándo podrán volver a sacrificar sus reses en Gijón. «No lo sabemos», escuchaban al otro lado del teléfono. Las 25 cabezas de vacuno que había ayer en las cuadras fueron trasladadas al macelo de Mieres, donde se sacrifican desde hace una semana las reses de Ascar, empresa accionista de Semagi participada por el Principado de Asturias.
El pasado lunes, los matarifes se negaron a matar el ganado de esta empresa mayorista porque, a su juicio, es la responsable de la «crisis económica que atraviesa la empresa». Pese al boicot a Ascar, se siguieron sacrificando las reses de los particulares, carniceros y tratantes de la ciudad. El despido de cinco trabajadores ha recrudecido las protestas y dejado a Gijón sin el servicio de matanza.
La dirección del macelo recomendaba ayer a los clientes acudir a otros mataderos de la región e incluso ofrecía su colaboración para agilizar los trámites. Algunos comerciantes del sector lo hacen ya desde la semana pasada, cuando estalló el conflicto, ante el temor de quedar desabastecidos. El resto lo tendrá que hacer a partir de ahora por un tiempo indefinido. Por el momento, la empresa no se ha pronunciado a cerca del sobrecoste que tendrán que asumir por el transporte de las reses. La gerente reiteró ayer que la empresa «no dirá nada» y que la información a los clientes sobre el servicio llegará «por los cauces correspondientes».
Las desavenencias entre los matarifes y la dirección de Semagi, formada por representantes de la Cooperativa de Carniceros, la de Agricultores de Gijón y la de Gozón, la Central Lechera y Ascar, se remontan al 2004. Ese año se produjo un cambio en el accionariado (entró Ascar) y en la gerencia (José Antonio Pando fue sustituido por Berta Arias).
Los 14 matarifes, entre oficiales y peones, amenazaron con protagonizar otra huelga a principios de 2006, si no se lograba un entendimiento en el terreno económico. In extremis, Semagi y los operarios firmaron un convenio el pasado 14 de febrero. La concesionaria insta a los críticos a acudir a los tribunales para solucionar los conflictos, mientras que éstos se remiten una y otra vez al pacto firmado por ambas partes.
De hecho, en las cinco cartas de despido Semagi acusa a sus destinatarios -no al resto de la plantilla- de «rebeldía», de no cumplir órdenes expresas, de hacer asambleas en horas de trabajo y de no actuar con la debida diligencia en algunas ocasiones.
El próximo lunes habrá una reunión extraordinaria -estaba prevista para el próximo día 15- de la junta directiva para abordar el problema y buscar soluciones.