En Madrid miraban al cielo; en España, a las pantallas de televisión que retrataban un cielo plomizo del que no dejaba de caer agua. Letizia, aún sin doña delante y a escasos minutos de preceder también su nombre con un alteza real, miraba al frente embutida en un modelo de Pertegaz del brazo de su padre, camino del altar de la Almudena. Allí dio un sí quiero que cambió su vida. Dos años después, la periodista asturiana que dio el campanazo informativo es además de experimentada princesa en mil actos públicos, madre primeriza de una niña gordita y tranquila que algún día será reina.