Una ginecóloga del Hospital de Cabueñes se sentó ayer en el banquillo de los acusados del Juzgado de lo Penal número 3, acusada de un presunto delito de homicidio por negligencia. Fue denunciada en diciembre de 2002 por una de sus pacientes, que perdió a su bebé tras dar a luz por vía vaginal, pese a haber ingresado en el centro hospitalario con un volante para ser sometida a una cesárea. El juicio, que se prolongará hasta el jueves, se celebró a puerta cerrada por petición expresa de las partes.
Durante la primera sesión de la vista, prestaron testimonio la acusada, la denunciante y varios médicos de la unidad de ginecología de Cabueñes, incluido su responsable.
El fiscal solicita para la médica una pena de dos años de prisión y cuatro de inhabilitación, mientras que el letrado que representa a los padres del bebé fallecido pide cuatro y seis respectivamente. Tanto el ministerio público como la acusación particular han calificados los hechos en sus escritos iniciales como constitutivos de un delito de homicio imprudente, por negligencia profesional. La defensa considera que la ginecóloga actuó de forma correcta y diligente, por lo que solicita la libre absolución de su patrocinada.
S. G. ingresó en el Hospital de Cabueñes el 18 de diciembre de hace cuatro años. Era madre primeriza, así que en cuanto sintió las primeras contracciones se dirigió de inmediato al centro. En la denuncia que formuló con posterioridad, en la Comisaría de Policía de Gijón, consta que la paciente llevaba un volante de su tocólogo para que le realizasen una cesárea, debido a que el bebé estaba en situación podálica (de nalgas). La mujer explicó a los agentes que le tomaron declaración que la ginecóloga estaba atendiendo otro parto cuando ella ingresó. La médica le habría dicho a la paciente que tenía que replantearse la cesárea, porque lo ideal era tener un parto natural.
Mientras S. G. esperaba en la habitación, se reunió en dos ocasiones con la ginecóloga, encuentros en los que la facultativa le desaconsejó parir por cesárea, tal y como había prescrito el tocólogo. La denunciante afirmó que no aceptó dar a luz por vía vaginal, pero que tampoco se negó a ello. Se limitó a esperar el alumbramiento. Cuando fue trasladada a la sala de dilatación, tras romper aguas, la pareja y padre del niño se dirigió a la doctora para recordarle que tenía que dar a luz por cesárea. R. C. declaró en el juzgado que la facultativa le dijo que aquel no era el momento para discutir.
Testigos
Las fuertes contracciones que sufría S. G. precipitaron los acontecimientos. La madre primeriza fue conducida al quirófano. La ginecóloga dispuso los medios necesarios para el parto natural. El bebé murió asfixiado. La mujer tuvo que ser intervenida quirúrgicamente poco después, como consecuencia del alumbramiento. Al despertar de la anestesia, recibió la noticia.
La acusación particular mantiene que la denunciante y su pareja no aceptaron el parto natural. De hecho, el letrado que los representa solicitará durante el juicio la declaración de las dos compañeras que compartieron habitación con S. G. el día de los hechos. Al parecer, las dos mujeres relataron al juez instructor que S. G. insistía en ser sometida a una cesárea, tal y como había indicado su tocólogo, y mostraba su extrañeza por la insistencia de la ginecóloga en el parto natural por vía vaginal.
En el informe médico, la facultativa reseñó que la paciente solicitó de forma expresa este tipo de alumbramiento. La ginecóloga explica que la mujer fue informada de los riesgos que corría con un parto por vía vaginal y que, pese a ello, decidió seguir adelante.