TENGO claras muy pocas cosas. Una de ellas es que entre la nueva cocina latina que practica este humilde columnista, y la nueva cocina a secas que lidera Ferran Adrià, existe el término medio de la cocina tradicional, representada en este caso por el cocinero y gastrónomo Farturo Farias.
Es la de un servidor la típica solución de solterones y Rodríguez vagos consistente en abrir latas de conserva (que si un latina de paté por aquí, que si otra de caviar por allá...). Y si me permito añadir lo de 'nueva' es meramente por el hecho de que uno procura trabajar con conservas para picos finos, de esas que ahora llaman 'delicatessen'.
En cuanto a la nueva cocina a secas, ya estarán ustedes seguramente 'fartucos' de leer los comentarios o contemplar las demostraciones de algunos de los gurús que tanto proliferan, mas sin duda hambrientos en el supuesto de que alguno se haya decidido a catar uno de esos platos enormes con mucho adorno y poca chicha.
Llegó el momento de comentarles ya que el mentado Farturo preparó un suculento plato en la Peña la Raspa, y que mientras lo hacía cantó un conocido rap compuesto por Pixín el Rapero:
Un día, por casualidad, / como en fábula famosa, / se me ocurrió una cosa / que ni al mismísimo Adrià: cual Job, el de la paciencia, / hombre sin tacha y sin viciu, / con culinaria sapiencia / abrí lenteja en canal / y la rellené de oriciu. / ¿Mi fama será mundial! / Media docena a la plancha / con fondo de alga marina / y, ¿hala!, Castilla es ancha / y hay personal con pastón, / pues la ambrosía divina / les saldrá por un riñón.
Preparó unes xardes asaes de aquesta guisa (o guiso):
Quitóles las cabezas y las tripas, las lavó a conciencia y las sazonó. Las colocó luego en una fuente con aceite y zumo de limón, regándolas con su propia salsa durante el tiempo que permanecieron en el horno, una media hora más o menos y a temperatura fuerte.
Un plato tan sencillo como sabroso, según se desprende de las exclamaciones mayoritariamente proferidas por los comensales:
-¿Están bárbares!
-¿Manjar de dioses!
-¿Son cojonudes...!
Como reza un viejo refrán 'playu' hoy en desuso, «a falta bonito, Edgarda, cojonuda ye la xarda».