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Jueves, 25 de mayo de 2006
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GIJÓN
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«Nadie entiende por qué la Universidad tarda tanto en actuar»
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«Quienes soportamos las consecuencias de la huelga somos los estudiantes, que tenemos que vivir entre este basurero. Y bastante pagamos ya por la matrícula como para tener que aguantar semejante situación», dice, visiblemente enfadado, uno de los alumnos que vive día a día la realidad del campus de Gijón desde que comenzó la huelga de los jardineros hace casi tres meses y medio.

En la Delegación de Alumnos de la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería, la posición es unánime, si bien matizada por las distintas visiones personales de un colectivo que se mueve en torno a los veinte años y que se alinea claramente en favor del grupo de trabajadores en huelga. «Esto no puede seguir así, porque a partir de ahora la situación va a empeorar. Si en los próximos días la Universidad no busca una solución, tendremos que estudiar alguna medida de presión, porque ya empieza a ser insalubre», afirman la voces más moderadas, mientras los alumnos más airados apuntan a la «tradicional» inactividad de la institución académica.

«La Universidad está en su línea de no hacer nada», señala uno de los jóvenes mientras deja momentáneamente su trabajo ante un ordenador en las dependencias destinadas a los alumnos. «No entendemos cómo pudo llegar la situación hasta ese punto, por qué la Universidad tarda tanto en actuar. Es cierto que el problema no es suyo, pero el servicio contratado está sin cubrir y los perjudicados somos nosotros», añaden.

El malestar del campus quedó reflejado en las 1.200 firmas recogidas por los jardineros en huelga y se palpa en cualquier estamento de la institución académica. El director de la Escuela Politécnica Superior de Ingeniería, Ricardo Tucho, comparte la preocupación del Vicerrectorado de Campus e Infraestructuras y ya la hizo patente en un escrito dirigido al equipo rectoral. «Ya sea de palabra o por escrito, yo creo que todos los directores del campus han hecho llegar al Rectorado el peligroso deterioro de la situación. Se puede producir un problema de salud pública en cualquier momento», afirma Tucho.

Lo inexplicable

La pregunta más repetida en los pasillos del campus era ayer por qué la Universidad no había intervenido cuando llevaba más de tres meses sin recibir el servicio contratado. «Cualquier empresa o persona habría rescindido el contrato por incumplimiento», comentan los estudiantes en voz alta, en el mismo sentido que los profesores del campus gijonés.

La Universidad tiene sus propias razones y desde el Vicerrectorado de Campus e Infraestructuras señalan que no resulta fácil hallar soluciones. Y recuerdan el conflicto en que se vio envuelta la institución académica cuando, al poco tiempo de iniciarse la huelga, y ante la presencia de la basura por todo el campus, contrató su limpieza urgente. El hecho acabó denunciado en Inspección de Trabajo y sólo la consideración de atajar un problema de salud pública dejó bien librada a la institución.

«No es tan fácil solucionarlo, porque existen una serie de ataduras legales que impiden actuar», argumentan, a la puerta de la solución. En unos días podrían comenzar las tareas de limpieza del campus.



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