A los vecinos de la zona rural cada vez les cuesta más trabajo pegar ojo. El último robo registrado en un chalé de Castiello de Bernueces, anteayer por la tarde, les ha vuelto a poner en guardia, después de que el año pasado una banda organizada que actuó por toda Asturias asaltase cinco viviendas de esta parroquia, mientras sus propietarios dormían. No se han quitado el miedo del cuerpo desde entonces, ni siquiera después de que la Delegación del Gobierno en Asturias hiciera una redistribución más «racional» de los ámbitos de actuación de las fuerzas de seguridad. Por eso la Federación de Asociaciones de Vecinos de la Zona Rural 'Les Caseríes' debatirá la próxima semana la conveniencia de crear patrullas ciudadanas «hasta que la seguridad esté garantizada». Soledad Lafuente, miembro de la junta directiva, indicó que «el proyecto no es nuevo» y que, en la actual situación, «la necesidad nos apremia».
Las patrullas estarían formadas por vecinos de las parroquias, sobre todo jóvenes, y voluntarios de Protección Civil, «que tienen experiencia y medios, aunque estén infrautilizados en esta ciudad». Su misión consistiría en prevenir la acción de los cacos «con su simple presencia» y, al mismo tiempo, realizar otros servicios en beneficio de la comunidad. «Podrían encargarse de visitar periódicamente a las personas que viven solas, de controlar que el mobiliario urbano se encuentre en buen estado, que los caminos no tienen ningún problema e incluso de informar a todas aquellas personas que estén de paso por las parroquias», explicó Lafuente. En principio, su labor sería eminentemente preventiva de cara a los robos en chalés. Los vecinos no son partidarios de enfrentarse con los delincuentes. «Nuestro único propósito es conseguir que sea incómodo venir a robar a Gijón», precisó la portavoz de 'Les Caseríes'.
En la zona rural gijonesa es 'vox populi' que «se producen más asaltos de los que se conocen, porque la gente tiene miedo a denunciar», como comentó Soledad Lafuente. Al parecer, según estas fuentes no oficiales, habría varias personas que han preferido no informar a las fuerzas de seguridad por miedo a que la investigación de los hechos saque a relucir la procedencia de los objetos y el dinero robados.
«Más efectivos»
Las modificaciones del mapa de demarcaciones policiales no se han traducido en un aumento de la seguridad subjetiva. La mayor parte de los vecinos desconoce si debe dirigirse a la Policía o la Guardia Civil en caso de emergencia, aunque considera que la nueva división territorial, en vigor desde principios de este mes, facilita la investigación de los hechos delictivos. No obstante, los representantes vecinales y los ciudadanos anónimos que residen en las parroquias del municipio consideran que «no hay suficientes efectivos en la calle». Dicen que no les importa si la vigilancia de sus viviendas las asume el Cuerpo Nacional de Policía o la Guardia Civil, siempre que «haya efectivos suficientes para que también los de la aldea, y no solo los de la ciudad, podamos dormir tranquilos y en paz».
En este sentido, Soledad Lafuente recordó que «nuestra labor no sustituye a la de las fuerzas de seguridad, lo que pasa es que, tal y como está la cosa, no nos queda otro remedio que hacer algo, porque el verano está a la vuelta de la esquina y ya se sabe que en esta época aumentan los robos».
Aunque la Delegación del Gobierno y el jefe superior de Policía de Asturias afirmen que la Comisaría local no tiene ahora más trabajo que antes de que cambiasen las demarcaciones, los vecinos consideran que «sus cálculos son un poco extraños, ya que abarcan más territorio periurbano». Como ya publicó EL COMERCIO, las parroquias más cercanas al casco urbano, ahora vigiladas casi en su totalidad por la Policía, son las más susceptibles de convertirse en objetivo de los cacos.