EN plena animada sobremesa tras la cuchipanda ritual organizada por el gastrónomo Farturo Farias para dar la bienvenida a la canícula, comentó Sibila:
-...No existe, ciertamente pócima de productos vegetales que posea unos efectos curativos equiparables a los de una buena menestra de verduras.
-Pues el pisto asturianu de patates, tomate, cebolla y pimientu tampoco lo haz nada mal- intervino con certera agilidad dialéctica esa mosca cojonera verbal llamada Pepe'l Calaínes.
-Y si a ambos guisos se les añaden, respectivamente, un buen pedazo de ternera roxa y de jamón, entonces se alcanzan unos niveles inaccesibles para los paladares 'modelnos' de los preconizadores (¿precocinadores?) de la llamada cocina deconstructiva- precisó el pensador de la Escuela Peripatética de Caleya Fartón, el Epicuro de Gozón.
-¿Equilicuá- exclamó la aprendiza de bruja Morgana la Fata, tan políglota y concisa ella.
A continuación, la bruja de El Natahoyo encaminó la charla hacia la posibilidad de que esa búsqueda incesante del alargamiento de nuestra travesía por este piélago de lágrimas no viniera del campo de la genética, sino que procediera de los seres vegetales. Hasta que en un momento dado intervino el historiador Polibio de Peñamellera Alta y lo hizo verdaderamente en plan magistral:
-«Contra vim mortis non nascitur herba in hortis», o sea, que contra el poder de la muerte no nace hierba en los huertos. Así rezaba una máxima de la Escuela Salernitana, en la que adquirieron su formación los mejores médicos de los siglos X a XIII.
-La enfermedad postrimera / nadie te ha de curar. / La que no te ha de matar / te la curará cualquiera- cantó a continuación Pixín el Rapero en plan confirmador.
Finalmente, uno de los comensales pidió alivio a Sibila para un dolor lumbar, y ella le recetó una cataplasma elaborada según receta que Jorge Llopis versificara tal que así: «En caliente es mordisco de alacrán, víscera de Lutero en ignición, / mamporro y firma de la Inquisición, / récipe de alfaquín en Ramadán, / empanada rellena de alquitrán, / regüeldo de volcán en erupción, / guante tejido al borde de un fogón / por las dos manos zurdas de Satán. / Y en frío es la argamasa de Babel, / la tortilla infernal de un albañil, / la esencia del 'Bolero' de Ravel, / el esputo oficial de un alguacil, / una medusa fofa en El Musel / y una caca de vaca junto al Sil».
Mano de santo.