elcomerciodigital.com
Martes, 30 de mayo de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
CUENCAS
LA LUCIÉRNAGA
Divino tesoro
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

SE desviven en el tópico nuestras administraciones: anuncian viviendas para jóvenes por doquier; ayudas a la compra de vivienda para jóvenes; subvenciones para que los jóvenes paguen el alquiler. Lo demanda, seguramente, la necesaria independencia de quienes, debido a la especulación que esas mismas autoridades son incapaces de controlar, se ven imposibilitados para vivir su vida (como rezaba el título de aquella película de Godard sobre una putilla provinciana en las calles de París).

Como no podía ser menos -de acuerdo con la información que daba este diario el pasado domingo-, resulta que los municipios exmineros pretenden enganchar a los menores de treinta años a su terruño mediante la oferta inmobiliaria, sin reparar en que aún existen demandantes de primera vivienda mayores de esa edad, cuyas rentas les impiden un acceso como es debido. Pero claro, de un tiempo a esta parte parece que lo más progresista es seguir por la trazada vereda de lo consabido y, así, injusticias de por medio, dejar fuera a quienes, por ser los menos, no resultan suficientemente sustanciosos a la hora de votar: cosas del mercado.

El problema de la vivienda existe en España (y, por supuesto, en Asturias y en las cuencas) por la desmedida codicia de unos pocos que, sin piedad y sin conciencia, llenan el saco a costa de una buena parte del salario de los más (jóvenes y viejos). A ese tipo de actitudes se le ha venido denominando 'capitalismo' desde los tiempos en los que, marxismos de por medio, no era políticamente incorrecto llamarle a la realidad por su nombre ni intentar cambiarla. Ahora que las cosas son como son y que todo se confunde, pues simples cuestiones gestuales tienden a ser convertidas, por mor de la frivolidad de nuestros dirigentes más izquierdistas, en catecismo de lo progre, quizás tenga muy difícil arreglo.

Y con esa actitud, la de lo progre diferenciado en pose, pagan los líderes de la izquierda el tributo de la sumisión a quienes mueven los hilos de sus bolsas y medran a costa de lo indecible.

Cuando la administración deje de poner esos paños (pañales, quizás, por el paternalismo con que parecen tratar a los menores de treinta años) y se decida a coger el toro por los cuernos, igual salíamos ganando los de la mayoría pagana.

Y lo demás son cuentos para niños -perdón, quise decir para jóvenes-.



Vocento