Entre un 3 y un 6% de los niños en edad escolar sufren trastorno de déficit de atención (TDA-H), lo que equivale, según la Asociación de Niños Hiperactivos del Principado de Asturias (Anhipa), a casi dos alumnos en cada aula asturiana. Sin embargo, los profesores no siempre están suficientemente preparados para detectar y afrontar estos casos. Por este motivo, la Anhipa ofreció en el centro cultural de La Arena un pequeño seminario para profesores, donde se les explicaron los principales síntomas del trastorno y cómo trabajar con los niños afectados.
El TDA-H es un trastorno de origen neurobiológico que impide a los niños concentrarse en cualquier tarea y dominar sus impulsos. «No pueden controlar su movimiento, ni su impulsividad mental y verbal, a la larga interfiere en muchas facetas del desarrollo del niño, en casa y en el colegio; afecta a su vida y la de la gente de su entorno», explicó la la psicóloga Mercè González.
Mercè González recordó los principales síntomas del TDA-H: hiperactividad, impulsividad y déficit de atención. «Empiezan a ser preocupantes cuando interfieren en la vida normal del niño, le molestan a él y a los demás», explicó. Estos síntomas pueden detectarse a cualquier edad, pero a la hora de hacer un diagnóstico resulta fundamental saber si han sido una constante en la vida del niño. «Tienen que estar presentes antes de los 7 años», aclaró la psicóloga, «si viene un niño de 10 años, intentamos averiguar si ya se comportaba así antes de cumplir los 7; entonces significará que sufre déficit de atención».
Médicos especializados
Una vez localizado el trastorno en el niño, o cuando los padres crean que puede padecerlo, se aconseja contactar con psicólogos o psicopedagogos especializados, que sabrán ofrecer un mejor tratamiento. «También pueden contactar con asociaciones como Anhipa, que les orientarán».
Según Mercè González, para intentar buscar solución al TDA-H es mejor utilizar tratamientos que combinen los aspectos psicopedagógicos con otros remedios de tipo farmacológico. La presidenta de la Anhipa, Ana Díaz, lamentó precisamente durante el seminario que en Gijón los profesores se mostraban contrarios a la utilización de fármacos para atajar el trastorno. «A las madres tampoco nos gusta tener que medicar a nuestros hijos», señaló, «pero está comprobado que con la medicación el niño mejora».
La psicóloga también quiso defender el uso de fármacos en los tratamientos de larga duración y recordó que «cuando funcionan, que es el 80% de los casos, lo hacen de manera excelente». «Permiten que el niño se estabilice, que pueda mantener la atención e ir controlando su conducta», explicó. Además, «no tiene efectos secundarios graves ni muy significativos».