Una de las grandes preocupaciones del clero gijonés es la familia y la juventud. La dificultad para transmitir los valores cristianos de generación en generación es uno de los principales escollos de la iglesia. Pío Sánchez, párroco de San Julián, afirma que «una de las cosas que más urgen es empezar a trabajar con la familia, buscar nuevos caminos y aplicar nuevos métodos para que los mensajes calen». El cura advirtió de que hay que trabajar «desde el principio», en alusión a la preparación de los novios para el matrimonio. También se mostró preocupado por la descristianización de los jóvenes y la alarmante falta de vocaciones, «sobre todo en la mitad Norte de España».
Don Pío dijo que «la sociedad actual ayuda poco, hasta el punto de que el mundo que los chicos y chicas tienen a su alrededor puede con ellos y, por su puesto, con su fe». Sánchez reconoció la avanzada edad del clero gijonés (68,8 años de media en la zona rural y 58,8 en la urbana) y asturiano. «Tenemos que tener ánimo para emprender este camino, aunque somos conscientes de que los resultados llegarán a medio y largo plazo».