No tendrán cabezas nucleares, pero los nuevos misiles que quiere fabricar el Pentágono serán lanzados por submarinos nucleares y resultarán casi indistinguibles de los que autorizarían una respuesta nuclear. Ese es uno de los miedos del Congreso de Estados Unidos ante la petición de fondos que puede alentar una nueva carrera armamentística en el mundo.
Su ventaja es que podrán alcanzar objetivos a larga distancia en menos de una hora, tiempo que incluye lo que se tardará en obtener una autorización presidencial. Se espera que el hecho de que no sean nucleares propicie su consentimiento.