HOY empieza el último debate sobre el estado de nación antes de las próximas elecciones municipales y autonómicas. Se espera que el PP convierta el hemiciclo parlamentario en caja de resonancia de sus perspectivas electorales. Y aunque faltan aún doce meses para la llamada a urnas, no habrá en ese tiempo ningún pleno legislativo en el que puedan contemplarse la dimensión, y el número, de todos los problemas nacionales o los logros alcanzados por el Gobierno. El que hoy se inicia será un debate global, en el que se analizarán desde la inmigración en cayucos y la delincuencia organizada hasta el blindaje autonómico del Guadalquivir o la política exterior.
El PP va a ser muy duro con el Gobierno, lógico, pues tratará de tonificar la figura de Rajoy como cartel electoral y de intensificar su estrategia de oposición contra Zapatero, al que dibujará como un batel a la deriva. No se duda de que Rajoy leerá hoy uno de sus mejores discursos ni de que ha estudiado los puntos argumentales del presidente para improvisar réplicas agudas y mordaces. Pero ZP no está desprovisto de ciertos éxitos plausibles, como el hecho de que las reformas estatutarias se hayan ido ultimando, aunque la catalana con auténticos sofocos, pero sin que prosperase finalmente la tesis agorera de los 'populares' sobre la desmembración de España.
No va a debatirse en este pleno, al menos en profundidad, el alto el fuego etarra ni la vía para hacerlo definitivo, con disolución incluida de la banda. Zapatero y Rajoy, que dialogan más y más a menudo de lo que los medios informativos perciben, habrían decidido evitar sobre este asunto un enzarzamiento frontal. El presidente informará al Congreso dentro de unos días del futuro diálogo entre el Gobierno y ETA, y pedirá la autorización de la Cámara, lo que se da por supuesto. Antes, entre el debate sobre el estado de la nación y el pleno monográfico sobre diálogo con los etarras, convocará Zapatero el Pacto Antiterrorista y por las Libertades, en el que el PP podría desgranar sus objeciones y rechazo a que se hable con ETA del menor asunto político.
Según el calendario antiterrorista, hoy se cumplen tres años sin asesinatos de ETA, lo que el presidente definía ayer como «una situación para la esperanza y el optimismo», para volcarse más que nunca por conseguir el fin de la violencia. Pero Zapatero confesaba, lamentándolo obviamente, no contar con el total apoyo del PP en la política antiterrorista, añadiendo que «sectores del PP y voces del PP tendrían que tener una actitud distinta». No engloba el presidente en esa actitud a todos los 'populares' y mucho menos a Rajoy, con el que en ocasiones habría llegado a puntos de entendimiento difíciles de reconocer en los 'maitines' de Génova.
Los socialistas intentan que Rajoy corte alguna de las ataduras que disciplinariamente le sujetan a la ortodoxia 'popular', llamada por el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, de «confrontación y crispación», pero ese intento, de pasmosa ingenuidad, no va a tener el menor éxito, pues un cambio en la orientación del PP, y en algún asunto específico, como el diálogo con ETA, sería difícilmente perceptible, excepto en la intimidad que envuelve las conversaciones entre Zapatero y Rajoy. Y en esa intimidad, alguna reorientación 'popular' ya se habría producido. Y eso, además de bueno, es imprescindible en un proceso que, según precisa ayer el presidente, tiende sólo, y no es poco, a que ETA deponga definitivamente las armas, a que se disuelva como organización y a tratar del futuro de sus integrantes. Este último punto es el más delicado por las ampollas que levanta en la sensibilidad social, por muy generosa que la sociedad esté dispuesta a mostrarse para que la violencia etarra sea sólo un recuerdo, muy penoso para tantas personas.