Dominado por cristaleras, penetramos en ese espacio iluminado por luz natural que es el nuevo ambulatorio de Sama. Llegamos con el mp3 cargado de defensa contra conversaciones cotidianas en un espacio semejante: prescripción errada -diagnostica una esquina-; seriedad o altanería crónica -habla el pasillo--; parvedad de anheladas pastillas, jarabes, pomadas -bien alto rechinan aquellas sillas-. Y los chirridos de los megáfonos que invitan a despachar la incertidumbre ante un juicio -¿qué nos pasa doctor?- sobrepasan a la música en los oídos. Ah, nuestro nombre: «La vida es un asco y la suya es peor que otras. Aunque las hay peores, lo cual también es deprimente». Cualquier parecido con la realidad es circunstancial.