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Domingo, 11 de junio de 2006
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GIJÓN
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Achaques a los 93 años
Tras varios años de retraso y urgencias, el pasado miércoles empezaron los trabajos para reafirmar la cimentación de la basílica del Sagrado Corazón, edificio que presenta graves problemas de estructura
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La construcción empezó hace 93 años y ahora está sufriendo su primera operación quirúrgica seria, aunque durante su larga vida ya ha tenido varios achaques de salud. La basílica del Sagrado Corazón, más conocida como la Iglesiona, sufrió los abatares de la Guerra Civil, pero fueron problemas más intangibles los que desestabilizaron gravemente su estructura. El miércoles empezaron los trabajos para devolver la firmeza a sus cimientos.

El edificio fue construido entre 1913 y 1924. Mide 47,5 metros de largo por 17,5 de ancho y 27 de alto. El conjunto está coronado por una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, una pieza de 50 toneladas de peso. A finales de los años noventa fue cuando saltaron las alarmas sobre la salud del inmueble. Fisuras, grietas y pequeños desprendimientos hacían temer por la seguridad de los ciudadanos, tanto en el interior como en el exterior de la basílica.

Unos estudios realizados en 1999 dieron con el origen del problema: algo había cambiado en el subsuelo, que empezaba a mostrar serias dificultades para poder soportar el peso del edificio. Según indicó el redactor del proyecto de cimentación y mejora, Ignacio Ortega, durante su presentación a los responsables de la basílica, el problema surgió con el paso de los años. Al parecer, al subsuelo le pudieron afectar posibles bombeos en edificios anexos y modificaciones en el saneamiento general que alteraron el nivel freático de la zona. Incluso, un terremoto registrado en mayo de 1997 pudo incrementar el problema. Todo ello hizo que las arenas sobre las que se asienta la basílica se licuaran y perdieran su compactación, por lo que no podían aguantar la mole de piedra de la Iglesiona.

El subsuelo

El conjunto se asienta sobre un terreno compuesto por 35 centímetros de pavimento, 4,5 metros de arena y 3,8 metros de arcilla. A continuación, los técnicos encontraron roca calcárea que presenta un alto grado de porosidad.

La empresa encargada de las obras es Geocisa, empresa que contaba con tres alternativas para devolver la estabilidad a la Iglesiona: el recalce con micropilotes, el 'jet grouting' y la inyección por compactación. La primera de estas posibilidades tenía el inconveniente de que no detenía la carstificación de la roca caliza, mientras que la segunda también añadía que no mejoraba el problema de licuación de la arena. Por eso, Geocisa se decantó por la tercera técnica, que densifica las arenas, y ataca la carstificación -rellenando con mortero las oquedades de la roca calcárea- y resiste a la circulación del agua.

El apeo de la bóveda

Todo estaba decidido desde finales del año pasado. Se preveía iniciar la perforación de 170 puntos bajo la estructura de la Iglesiona en febrero, para inyectar columnas de mortero muy denso, reforzado con barras de acero de 25 milímetros de diámetro. Previamente, era necesario hacer otra obra para asegurar el inmueble. Se trataba del apeo de las bóvedas, es decir, colocar unos andamios en el interior del templo para reforzar la estabilidad de techumbre y paredes. Esta operación no estaba incluida en el presupuesto de la obra y era necesario buscarle financiación.

Fue este aspecto, precisamente, el que hizo que el proyecto se retrasara hasta ahora. La Diócesis no podía asumir en ese momento el coste del apeo interior. Una vez solventada esa situación, el pasado miércoles comenzaron las perforaciones.

Ahora, las máquinas taladrarán el contorno del templo un total de 170 veces, a razón de unas seis o siete al día, dependiendo de las condiciones meteorológicas y posibles imprevistos que puedan surgir. Geocisa calcula que a finales de agosto el templo pueda recuperar su actividad normal, ya que desde hace unos meses las actividades religiosas se han tenido que trasladar al salón de actos de la casa diocesana, convertido en capilla. El rector de la basílica, Julián Herrojo, hace votos porque la Iglesiona pueda acoger la próxima novena de Covadonga.

La seguridad en esta operación es fundamental. Por eso, Geocisa tiene completamente monitorizado el edificio. Hay una toma continua de datos que se vigilan en tiempo real desde las oficinas centrales de la empresa en Madrid. Se controlan cuatro vectores de desplazamientos para fisuras, seis de convergencias y cuatro de giros. Estos datos dan a los trabajadores tres umbrales de trabajo: el verde ofrece normalidad, el ámbar produce un incremento en el número de lecturas, y el rojo obliga al desalojo del edificio, paralizar los trabajos y acometer actuaciones de emergencia.

Pero una vez que se terminen estos trabajos, si todo va bien, será previsiblemente en agosto, la Iglesiona no habrá aún recobrado la normalidad. El interior ha sufrido las inclemencias del tiempo y diversas filtraciones de agua han deteriorado varias de las pinturas interiores. El rector del templo busca ahora un mecenas que financie los 600.000 euros que cuesta limpiar y restaurar las polícromas imágenes.

Al menos, los fieles pronto podrán volver a disfrutar de un templo que, aunque no es parroquia, tiene una especial significación, tanto por su historia como por la grandiosidad del edificio.



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