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Martes, 13 de junio de 2006
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GIJÓN
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Los atascos y «la pérdida de clientes» por las obras generan indignación entre los comerciantes
Aseguran que la reforma del casco urbano ha perjudicado mucho a sus negocios El Ayuntamiento espera reabrir todas las calles afectadas a principios de julio
Los atascos y «la pérdida de clientes» por las obras generan indignación entre los comerciantes
CANGA ARGÜELLES. Las obras de reforma han obligado a cortar la calle al tráfico. / DIANA FAJARDO
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Los comerciantes afectados por la reforma de las calles del casco urbano creen que las obras duran ya demasiado. Desde que a principios de año comenzaran los primeros cortes de tráfico en Ramón y Cajal y Marqués de Casa Valdés, la pérdida de clientes ha sido progresiva y ha terminado por generar indignación entre los empresarios afectados.

Actualmente, los trabajos impiden el paso de vehículos por la práctica totalidad de la calle del Marqués de Casa Valdés y en un amplio tramo de las calles de Ramón y Cajal y de Leopoldo Alas. Esto ha provocado «no sólo pérdidas para los hosteleros» de la zona, sino también considerables atascos de tráfico. El Ayuntamiento asegura que los plazos se acortarán en la medida de lo posible y espera poder abrir los nuevos ejes comerciales a principios de julio. Sin embargo, los empresarios afectados se muestran escépticos.

Pepi Sánchez, dueña de la cafetería Ibiza's, lamenta que el remate de las obras se dilate cada vez más. «En principio nos habían dicho que serían tres meses, pero ya vamos para cinco». Su establecimiento está situado en un tramo de la calle ya asfaltado, pero que aún no ha sido abierto al tráfico. «Ya lleva un mes así y no entendemos por qué; queremos verla abierta. Los repartidores y mucha gente de los autobuses venían a desayunar aquí, pero ese movimiento de gente ya no lo tienes».

Astrid García, gerente del restaurante Gepeto, coincide en el problema que supone para los hosteleros la imposibilidad de llegar en coche hasta sus locales. «Para aparcar es un lío y la gente prefiere ir a otro sitio». De idéntica opinión es Margarita Muslera, clienta habitual de los negocios de la zona. «Nos dejan sin aparcamiento y si vamos a los parkings municipales son muy caros; lo que van a conseguir es que la gente abandone el pequeño comercio y se vayan a las grandes superficies, que sí tienen mucho aparcamiento».

«Un campo minado»

Más allá de los cortes de tráfico, las obras que se están realizando en estas calles se convierten también en complicados obstáculos para los peatones. Rubén Pérez, dueño de la cafetería Montevideo, asegura que el continuo trasiego de maquinaria frente a su local -y el ruido que genera- ha afectado de manera notable a su negocio. «La clientela ha bajado mucho, sobre todo por la mañana con todas las máquinas atravesadas por la calle».

Fernando Peláez, responsable de una frutería de la zona, asegura que, en cuanto comenzaron a levantar el asfalto, la calle se convirtió en una especie de «campo minado». «Entre nuestra clientela hay mucha gente mayor para la que es difícil llegar hasta el local; con el tiempo veremos si regresan, porque si han estado dos o tres meses comprando en otro sitio es difícil que recuperen el hábito».

En un laberinto de agujeros y pasarelas provisionales, tampoco es fácil el paso para las madres que van con carricoche. Fini Sorribas, propietaria de una tienda de moda infantil, asegura que las obras la han perjudicado de manera notable en las épocas de mayor venta -rebajas y Ramos- y se ha visto obligada a poner sus artículos en 'liquidación por obras'. «Con todo lo que nos está afectando económicamente, al menos deberían bajarnos los impuestos durante los meses que duran las obras», dice.

Aunque la mayoría de los comerciantes creen que una vez finalizadas las obras las calles ofrecerán un mejor aspecto, consideran que el principal error ha sido cortarlas todas a la vez. La carnicera Sara López Vega es contundente: «Si no puedes hacerlo rápido, no levantes el barrio entero».



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