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Martes, 13 de junio de 2006
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GIJÓN
HISTORIAS DEL ACUARIO
De las nutrias hermanas al esturión francés
Los dos mamíferos nacidos en cautividad y traídos desde Barcelona son las estrellas del río cantábrico Un tanque recuerda la presencia de los peces invasores
De las nutrias hermanas al esturión francés
SORPRESA. El niño observa el ejemplar de esturión traído desde Francia que forma parte del paisaje del río cantábrico. / JOAQUÍN PAÑEDA
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Hermanas, bien avenidas, nerviosas, juguetonas y, sobre todo, noctámbulas. Las nutrias son las figuras, las estrellas del espectáculo que forma el enorme plató que representa y dibuja con realismo el hábitat del río cantábrico. Su aparente timidez, dicen, tiene más que ver con una escenografía que con la realidad. Los cuidadores las tratan con mimo, pero con respeto. Son dos y nacieron en cautividad en Barcelona. Sólo de esa forma, al pertenecer a una especie protegida, pueden ser trasladadas y presentadas para público disfrute. No conocen la libertad, pero tampoco parecen estar muy incómodas en un recinto que todavía no han moldeado a su gusto. Las plantas son deslabazados testigos.

«No se mueven...¿estarán dormidas?», se preguntaba uno de los visitantes del acuario gijonés. Nada más lejos de la realidad. Estaban juntas, atentas, alerta. La claridad no les hace excesiva gracia. Por la noche juegan, saltan y preparan sus travesuras, eso sí, siempre dentro de su recinto, convenientemente guardado por pastores eléctricos. Bien es verdad que, en su retiro gijonés, tampoco necesitan esforzarse para encontrar alimento. Siempre tienen a mano, a boca, una sabrosa trucha, eso sí, congelada, para evitar que se transmita cualquier tipo de enfermedad.

Son la imagen central del río cantábrico, una zona que, además de ser la primera de acceso al acuario, es la que le aporta un plus de calidad, de personalidad. En ninguno otro se puede encontrar un 'corte' de cauce desde su parte baja, con el protagonismo de los esturiones, hasta la zona más alta, con los salmones como jefes del río, aunque los del acuario sean de un pequeño tamaño, algunos, incluso, sorprendentemente minúsculos. Para contrapunto de tamaño, los mencionados esturiones, desaparecidos de los cauces asturianos desde finales de los años sesenta.

En el Duero y el Guadalquivir, aseguran, aún quedan restos en libertad de esta especie tan cotizada por sus huevas como por su carne. El mayor con presencia en el acuario de Gijón ya tiene horas de nado en Francia. Del país vecino fue trasladado a la instalación de Poniente donde actúa de protector para los otros elementos de su especie, eso sí, de un tamaño mucho menor. Crías que tendrán tiempo para crecer. No en vano, estos animalillos pueden llegar a superar con creces la vida media de un ser humano, hasta alcanzar los cien años.

Los invasores

Un repaso por las anguilas y las ranas (casi invisibles), te adentran en lo más escarpado del río, donde sólo pueden sobrevivir los fuertes. Allí entran en escena, y nunca mejor dicho porque tiene un tanque dotado con una curiosa perspectiva, algunas especies exóticas, peces que nunca tendrían que haber recalado en los ríos asturianos, pero que la mano del hombre ha permitido desarrollarse. Es el caso del pez gato que, como otros tantos, han encontrado en estos cauces un paraíso natural a su medida. Lejos de depredadores que los acosen, estos 'invasores' son los jefes, los amos de un cauce repleto de musgos, helechos y alguna que otra salamandra.

Huele a humedad. La escenografía completa este particular hábitat que pretende ser un reflejo de la vida en un río. Unas urnas de lujo para tener a mano, y a la vista, lo que el ojo no ve. alta, con los salmones como jefes del río, aunque los del acuario sean de un pequeño tamaño, algunos, incluso, sorprendentemente minúsculos. Para contrapunto, los mencionados esturiones, desaparecidos de los cauces asturianos desde finales de los años sesenta.



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