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Viernes, 16 de junio de 2006
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Incendios forestales: tolerancia cero
ESTE año, siguiendo la tendencia del anterior, ha comenzado con altas temperaturas y escasas precipitaciones, lo que ha reactivado prematuramente una de nuestras grandes lacras: los incendios forestales. Lo que antes eran siete meses (de enero a abril y de setiembre a noviembre), ahora se convierte en rutina mes a mes. Desde 1 de enero a 31 de mayo tenemos contabilizados 1.155 incendios forestales en Asturias que representan 7.521 hectáreas quemadas (una hectárea ocupa más o menos la superficie de un campo de fútbol).

Desde la Consejería de Justicia, Seguridad Pública y Relaciones Exteriores hemos apostado fuerte por mejorar nuestra competencia: la extinción.

La entidad pública Bomberos de Asturias cuenta con un presupuesto que sobrepasa los 25 millones de euros, lo que supone un incremento del 18% sobre el ejercicio anterior y un 111% respecto al presupuesto de 2003. Respecto al personal, se ha racionalizado la plantilla, centrándonos especialmente en la estabilidad en el empleo. Debemos destacar que si en el año 2003 la plantilla de la entidad la componían 319. Hoy son 426 trabajadores.

En cuanto al capítulo de inversiones, hemos pasado de 1,4 millones de euros en el presupuesto de 2003 a 3,1 millones en el presupuesto de 2006. Con el objetivo de dar un servicio de la máxima calidad y eficacia en todo el territorio asturiano, se pretende completar la red de parques de bomberos mediante la construcción de tres nuevos parques, uno en el Polígono de Barres (Castropol), que estará concluido a principios de 2007, y dos de carácter estacional ( 9 meses al año), próximos a los espacios protegidos de Somiedo y Redes. Llevaremos a cabo importantes obras de acondicionamiento de la base de La Curiscada, en Tineo; la construcción de un nuevo edificio moderno que soporte la progresiva ampliación del servicio, y de un helipuerto en La Morgal. Asimismo, se realizan esfuerzos en prevención (Plan Integral de Incendios Forestales 2006-2007) junto con las consejerías de Medio Rural y Medio Ambiente y en divulgación y educación como la campaña de la mascota 'El oso Perico'.

He comenzado describiendo las condiciones climáticas, pero no nos engañemos: la culpa de los incendios forestales no la tiene sólo el clima. De los incendios analizados por las Brigadas de Investigación (BRIPAS) en este año se concluye que casi el 76% son intencionados y el 17%, negligencias, lo que suman un 93% de incendios causados por la mano del hombre.

Con estas cifras podemos certificar que hay gente a la que no le importa destruir nuestro entorno natural. No sirve la excusa de generar pasto: una vida humana no tiene precio y son muchas las que se arriesgan por sofocar los incendios. Además, mientras estamos ocupados en extinguir un incendio provocado pueden surgir otras emergencias a las que ya, o bien no destinaremos el 100% de los recursos o, si lo hacemos, no serán desplegados con la rapidez habitual. Gran parte de los expedientes concluidos por las BRIPAS pasan a disposición del fiscal de Medio Ambiente, quien, a su vez, formula las denuncias que estima oportunas, obteniéndose condenas por delitos contra la naturaleza. Nuestro compromiso es firme: aumentaremos las investigaciones y sus conclusiones serán precisas para que las autoridades competentes puedan perseguir y, en su caso, condenar esas conductas delictivas.

Nos constan los esfuerzos de las consejerías de Medio y Rural y Medio Ambiente en materia de prevención. Invirtiendo en ese concepto evitaremos futuros incendios forestales donde tengamos que intervenir, porque, a fin de cuentas, la extinción es la última de las fases de este proceso. Además de la prevención, la extinción y la persecución del pirómano, es necesario también el rechazo social. Yo soy del concejo de Lena, donde, desgraciadamente, abundan los de incendios forestales, pero me alegra comprobar que va disminuyendo la tolerancia con esos comportamientos «criminales», como dijo en su día el consejero Francisco Javier García Valledor. Ya no es motivo de chanza quemar el monte; se saben los peligros que eso supone. Hay que continuar en esa línea y profundizar en ella, colaborando con las autoridades y las BRIPAS en todo lo que necesiten para poner a buen recaudo a estos incontrolados.

La abundante red de pistas y carreteras y los dispositivos de retardo del incendio permiten más movimiento y que puedan escapar con relativa facilidad. En este sentido, es importante la colaboración de la Delegación del Gobierno, destinando patrullas de la Guardia Civil -tanto uniformadas como camufladas- para la identificación de los sospechosos.

En definitiva, con el fuego perdemos muchas cosas: masa forestal y biodiversidad, recursos económicos que podrían destinarse al desarrollo de las zonas afectadas, bienes materiales y, sobre todo, se ponen en riesgo vidas humanas. Por eso, con los incendios forestales debemos tener tolerancia cero.



Vocento