El día que el señor Palomero soltó la lapidaria frase «hay que poner al oso a producir» nos mostró claramente que no dirige una ONG conservacionista sino una empresa que sólo busca la rentabilidad del oso.
Palomero García nos sorprende a todos en la contraportada de un diario regional del pasado domingo día 4 de junio, enseñando su cara más amable después de pasarse semanas arremetiendo contra unos y otros. Dedica todo tipo de lindezas a todos aquellos que se oponen a sus proyectos para, de pronto, mostrarnos su lado humano hablando de su hija. ¿Nunca se le ocurrió pensar que aquellos a los que descalifica en la prensa también tienen hijos, padres y esposas? Resulta conmovedor ver que ahora incluso propone homenajear a tres guardas (¿será para limar asperezas?). Pero la imagen idílica que de este señor se da en el reportaje no se corresponde con la imagen chulesca que de él se tiene en las zonas por donde campea.
Vivo y soy natural de Cangas del Narcea, nunca vi un oso, pero me siento orgullosa de mi tierra, de saber que esta especie gravemente amenazada de extinción y de la que solamente quedan un puñado de ejemplares, habita en estos parajes.
No necesito ver osos y menos aun sabiendo, como también sabe don Guillermo Palomero, que los visitantes podemos afectar gravemente a los osos con nuestra presencia, e incluso desplazar a los ejemplares del espacio en el que habitan.
Aquí hay muchas cosas que ver, mucho con lo que disfrutar, sin necesidad de convertirnos a todos en una amenaza más para una especie en peligro de extinción.
Miren ustedes, yo también tengo alguna propuesta que hacer:
La primera es sencillamente que el coordinador de la Estrategia para la Conservación del Oso Pardo sea una persona que anteponga los intereses de la especie a los intereses económicos.
La segunda, que el Ayuntamiento de Cangas del Narcea no utilice nuestro dinero para firmar convenios con esta ONG, que mejor destine ese dinero para otras cosas, por ejemplo, para el Hogar de Ancianos del pueblo que próximamente tiene que hacer frente a un montón de reformas exigidas por las normativas vigentes y si no las cumplen lo cierran. Aquí hay unos pocos osos, pero cada vez más ancianos y muchos sin tener quién los atienda.
Y mi última propuesta es un epitafio: «vivió del cuento del oso, mientras pudo ». Quien lo quiera para él. De todas maneras, ojalá que vivamos todos muchos años y que el oso nos acompañe.