El naranja del Euskaltel lo teñía todo. Aquel 4 de abril, en las calles de la localidad guipuzcoana de Segura, en lo que era el final de la segunda etapa de la Vuelta al País Vasco, Samuel Sánchez entró triunfador. Cruzó la meta, fijó su mirada al cielo, dirigió un beso a su madre fallecida y luego se llevó la mano al maillot. «¿Viste lo que hizo al entrar en meta?», preguntó un vasco a un asturiano mientras veían el triunfo. «Sí», contestó él. «Pues eso es lo que nos gusta a nosotros. Es humilde, buena persona y agradecido».
Así es Samuel Sánchez. El ovetense del Euskaltel consiguió ayer una de las mejores victorias de su vida. Fue en la tercera etapa de la Vuelta a Asturias, en la meta de Gijón, hasta donde llegó después de haber hecho una 'machada': 130 kilómetros en solitario y metiéndoles tiempo al pelotón y a un grupo de seis corredores que se organizó por delante para darle caza. No tuvieron suerte.
Le ha costado triunfar a Samuel Sánchez en esto del ciclismo, pero la temporada 2006 ha sido, parece ser, la de su eclosión definitiva: «Se lo dedico a mi abuelo, que dice que soy el mejor; y a Igor González de Galdeano, que me ha ayudado a cambiar mi forma de correr y me está dando resultado».
Sosegado y sin prisa
Llegó tranquilo, sosegado y sin prisa. Cuando enfiló la avenida de Castilla, la recta de meta, empezó a emocionarse y cuando cruzó la línea quiso hacer partícipe a todos los aficionados al ciclismo. Los globos naranjas comenzaron a aparecer por el final de etapa cuando Samuel pasó por la meta volante de Avilés. Parecía imposible las referencias que de él llegaban. Pero es que estaba cantado que el del Euskaltel llegaría a Gijón y le daría tiempo a darse un baño en la playa de San Lorenzo antes de que sus perseguidores se acercasen a los últimos mil metros.
«No lo entiendo, como no vaya en moto es imposible que esté sacando tiempo a seis tíos que van organizaos y tirando a cogerlo». Óscar Guerrero, director del Kaiku y con intereses en el grupo perseguidor -Ricardo Serrano-, no daba crédito a lo que estaba haciendo Samuel, pero él lo tenía claro. Sólo había una opción: ganar.
En Avilés lo había intentado, en la primera etapa de la Vuelta a Asturias; en El Acebo perdió una minutada, pero ya allí se veía al del Euskaltel tranquilo. Su táctica estaba clara: «El año pasado quedé segundo en la Vuelta y de eso no se acuerda nadie. Este año quería una etapa y ataqué desde el principio. Después de El Rodical me di cuenta que estaba con los de arriba de la clasificación y que así no iba a ningún lado, así que volví a demarrar y...».
Y se fue solo. La ventaja fue creciendo. En La Espina era poco más de un minuto, en Cadavedo ya tenía al grupo perseguidor a 1.38 y el pelotón a más de siete minutos y medio. Luego llegaría Tablizo, donde duplicó su ventaja respecto a los seis que le seguían y le dio igual que el T-Mobile se pusiera a tirar en el grupo grande, porque su ventaja aumentó un minuto más. Pasó por Cudillero como una exhalación. Le dio igual el adoquín en el inicio de la subida a El Pito y mucho menos el repecho del Praviano, que, a pesar de no ser puntuable, beneficia a un grupo grande. Samuel iba fuerte, lo único que le preocupaba era agarrarse fuerte al manillar y dar pedales. Las rectas para entrar y salir de Avilés hasta Gijón fueron un paseo triunfal con la afición asturiana apoyándole.
Sólo los valientes triunfan y Samuel Sánchez se lo demostró a todos cuando atacó en las primeras rampas de El Rodical. Mucho pensaron «¿adónde va el loco ese?». Ese loco iba a conseguir su sexta victoria desde que se convirtió profesional allá por el año 2000. Pasó del Olarra, de aficionados y con el que consiguió 17 triunfos, al Euskaltel. Fue el primer ciclista no nacido en el País Vasco en vestir el maillot naranja y no ha defraudado. Este año es el séptimo clasificado en la UCI ProTour y eso le ha servido para renovar por dos temporadas más por el Euskaltel Euskadi. Y es que las ofertas del Gerolsteiner, el Discovery Channel o el CSC, entre otros, eran bastante sustanciosas. Pero Samuel es agradecido. Se acuerda de quién le dio la oportunidad de pasar a profesionales y le corresponde.
Seis han sido los triunfos del ovetense, todos ellos en las tres últimas temporadas. En Montjuïc ha saldado con victoria los dos últimos años. En el Santuario de la Bien Aparecida (Ampuero) ganó su primer etapa de la Vuelta a España como buen 'pillo' que es; Mauricio Ardila alzó los brazos y él demarró para vencer. En Segura (Vuelta al País Vasco) ganó marchándose de todos y en Leirin prefirió demarrar cuando la carretera más se empinaba. Ayer dio otra clase. Ganó de la manera que le faltaba en el repertorio: atacó hasta que se quedó solo y después de 130 kilómetros volvió a levantarse los brazos demostrando que es el mejor.
«Es una aberración pensar en que pueda parecerme a Rominger». Pero el suizo también era un clasicomano antes de convertirse en el rey de la Vuelta.