Son los malos del acuario, incapaces de hacer amigos y siempre mirados de reojo por sus vecinos. Se hacen respetar aunque, en muchas ocasiones, sea más una cuestión de autodefensa que de ataque. Alimento tienen de sobra en el peculiar mundo del acuario, pero el instinto no se pierde. Tienen malas pulgas y muchas veces hasta su aspecto aporta un plus a ese papel de 'malos de la película'. ¿El más malo de todos? ¿El más dañino? ¿El más peligroso para sus semejantes?
Todos los tiros podían dirigirse hacia el tiburón toro, hacia Elisa, que domina desde la parte superior todo el tanque principal del acuario. Es peligroso. Incluso puede comerse algunos de los peces que tiene en su entorno, pero no es el peor. El primero del ranking negro, a decir de los expertos, es el pez escorpión. No hace migas con nadie. Su entorno siempre está vacío. Su aspecto ya no infunde mucha confianza. La realidad confirma los temores. El pez escorpión tiene unos pinchos en su aleta dorsal que son como sables. No suele atacar, pero si se siente acosado, suelta un veneno neurotóxico que deja a sus potenciales enemigos medio adormilados. Es el momento que aprovecha para succionarlos.
En el acuario de Poniente, en la zona dedicada al Indopacífico, hay unos hermosos ejemplares de esta especie, adultos, de unos diez años de edad, que muestran toda su belleza. Comen mejillones enteros y trozos de merluza de 20 gramos cada uno, sin rechistar. Mejor tenerlos contentos porque, en caso contrario, los pequeños peces de colores que nadan en su entorno tienen más bien poco futuro. ¿Qué pasa si hieren con sus pinchos a un ser humano? Hay muchos ejemplos y la reacción depende mucho de las defensas de cada persona. Algún trabajador de un acuario, no el de Gijón, estuvo meses de baja a consecuencia de ello. No es mortal, pero puede causar más de una complicación.
El pez limpiador
El pez escorpión es uno de los mayores depredadores del acuario, pero hay otros, caso de la morena, una especie muy cosmopolita que se puede encontrar en todos los mares del mundo. De hecho, en al acuario de poniente ocupan tanques representativos de diferentes hábitat, con temperaturas del agua también diversas. Dicen los expertos que las morenas no atacan si no se las acosa. Más bien tienden a esconderse y mimetizarse con el entorno si perciben un peligro en su ámbito de acción. Sin embargo, pueden ser muy agresivas y están dotadas de dientes potentes.
Además, el tener la boca siempre abierta para respirar, le da un aspecto, sin cabe, más fiero. Tampoco hacen muchos amigos y, como depredador, en los tanques del acuario están convenientemente separadas. El pez ballesta, con potentes dientes, es de los pocos vecinos que la morena respeta. Su mordedura tiene una gran carga bacteriana. No son muy aseados. Curiosamente, permiten que el pez limpiador les desparasite la boca, aunque muchos se quedan en el intento.
Congrios, pulpos, bugres... Todos tienen su punto de agresividad. Tratan de hacerse los dueños de su centro de vida. Son los más fieros del acuario.