No tienen conciencia de ser diferentes. Quizá porque la costumbre hace hábito y de tanto convivir con los sobresalientes acaban siendo como de la familia. Pero si algo tienen en común Eduardo Vadillo, Sandra Ordóñez, Rebeca Lorca y Álvaro Pastrana no son las calificaciones, ni el centro donde estudiaron, ni las aficiones, ni tan siquiera su selectiva proyección de futuro. Lo que posiblemente distinga a tres de los cuatro mejores alumnos de selectividad de todos los tiempos sea su sentido de la responsabilidad. Todos estudian para ser mejores, para conseguir sus objetivos y para cumplir fehacientemente con lo que, por edad, les corresponde hacer: estudiar.
En ellos la Universidad de Oviedo ha materializado los resultados más equitativos y paritarios de las últimas Pruebas de Acceso a la Universidad. De los dos dieces, uno le ha correspondido a Sandra Ordóñez, del instituto Escultor J. Villanueva de Pola de Siero, y el otro a Eduardo Vadillo, del colegio Meres. Y de los dos 9,9, uno ha ido a recalar en el libro de escolaridad de Álvaro Pastrana, del colegio gijonés Corazón de María, y el otro en el de Rebeca Lorca, también del Meres, centro privado que ha hecho pleno en esta convocatoria de selectividad. Pero detrás de cada uno hay un mundo de porqués y razones.
Eduardo, el 'galle'
A Eduardo Vadillo le llaman 'galle', diminutivo de gallego, a pesar de que el acento, insólitamente, no le delata. Será porque es el producto de madre asturiana y padre aragonés, nacido en Galicia por destino laboral de sus padres, pero vinculado íntimamente con Asturias. Hijo de médicos, sus aficiones infantiles le dirigen, sin embargo, hacia una ingeniería. «No sé todavía si Caminos o Aeronáutica», confiesa, recordando que «siempre me gustó montar puentes y jugar con aviones». Pero también le divierte la historia, el inglés, el piano, vocación que practica, y el fútbol, que le reúne competitivamente con sus amigos cada vez que tiene ocasión.
«Podría decirse que son muy estudioso, pero no me paso ocho horas delante de los libros. Eso sí, estudio un poco todos los días. Hay mucha más gente que tiene capacidad para sacar un 10, pero no la aprovechan, a lo mejor prefieren ver la televisión», confiesa sin alzar la voz, serio y reposado. Ni siquiera quiere que le llamen 'chico 10'. «Si no me lo llaman, mejor», añade, con un sencillo sentido del humor. «Además, la PAU no deja de ser un examen, queda todavía un largo camino en la Universidad».
La médica hija de fiscal
Mientras habla mira a su amiga Rebeca, compañera del colegio y receptora de uno de los tremendamente selectivos 9,9. Una joven dulce, sonriente y altruista, que no buscaba el 10, «sólo perseguía una buena nota que me permitiera estudiar Medicina aquí, en Oviedo, porque siempre me pareció maravilloso poder ayudar a alguien». Y lo dice con el convencimiento de la vocación infantil o con la herencia de un padre entregado a la función pública. Hija del prematuramente fallecido fiscal de Menores José Lorca y nieta del magistrado del mismo nombre, Rebeca se ha convertido en la única científica de la familia. Y con una emoción perfectamente controlada y convenientemente apuntalada por Eduardo, a él, a su padre, le dedica el éxito escolar, que, significativamente, se hizo público el mismo día del primer aniversario de su ausencia. «Somos serios y sensatos», afirma orgullosa, antes de apostillar que «salimos todos los sábados, ¿eh?, es que somos organizados y estudiamos un poco cada día».
Otro tipo de organización es la que llevó a Sandra Ordóñez hasta la máxima nota de selectividad. Expansiva e intensamente cálida, confiesa entre risas que «no soy de estudiar todos los días. Presto atención y tengo muy buena memoria, pero para lo que se dice estudiar en serio soy de las del último día a última hora». Sin embargo, asume que «buscaba el diez» para ir a estudiar Periodismo a la Universidad Carlos III de Madrid, lejos de su Bimenes natal. Amante del griego, reparte diariamente sus aficiones entre la lectura, el dibujo, la escritura y la videoconsola. Y, además, los compagina con un 10.
Es, quizá, Sandra la menos introspectiva de los cuatro mejores expedientes de selectividad. Álvaro Pastrana considera que no ha hecho nada extraordinario con sacar un 9,9. «Estudiar es mi obligación», afirma impertérrito, acostumbrado desde siempre a los sobresalientes. Los mismos que le llevarán a la Universidad de Navarra a estudiar Administración de Empresas y Derecho. Pero también allí jugará a balonmano. No en vano es miembro de la selección asturiana juvenil.