Manuel Preciado ya trabaja y vive por y para el Sporting. Aunque no regresará a Gijón hasta el martes para comenzar la planificación de la temporada, el nuevo técnico rojiblanco no ha perdido el tiempo desde su presentación. En esa primera reunión de trabajo, el cántabro llevará bajo el brazo una carpeta llena de sistemas de juego y de movimientos tácticos y estratégicos. Pero, ¿cuáles son las características de su fútbol? ¿En qué difiere su estilo con el de Ciriaco?
Al nuevo responsable del Sporting no se le puede echar en cara que no sea un gran estratega. Al contrario. Ha hallado un sistema de juego eficaz y alegre (4-2-3-1) y una alternativa efectiva (4-4-1-1), recuperando el juego por las bandas y cimentando el poderío de sus equipos en el sistema de contención, que sólo retoca con cuentagotas. Pero el intercambio de piezas será, porque así ha ocurrido en todas sus etapas como entrenador, la tónica habitual, aunque las circunstancias, en ocasiones, demanden lo contrario. Preciado siempre ha sido fiel a su filosofía, a su idea de entender el fútbol.
«El esquema depende siempre de los futbolistas, pero a mí me gusta más defender con cuatro hombres que con cinco o tres», reconoce el técnico que, lo vista como lo vista, se siente más cómodo con un sistema en el que sus jugadores afronten el partido de manera más atrevida. «Del centro del campo hacia delante, lo marcan más las características de los jugadores», suele insistir a sus allegados cuando le preguntan.
Para el de El Astillero, la llave para cerrar la puerta de la mediocridad y abrir de par en par el portón de los éxitos se encontrará una vez que haga de su equipo un grupo férreo y compacto. Saber dibujar una impenetrable burbuja en la que sus hombres estén encantados de haberse conocido y estén dispuestos a arrimarse por fin los unos a los otros para alcanzar el éxtasis colectivo. Y es ahí, en su papel de firme pastor, donde Manuel Preciado ha dignificado su papel como entrenador.
Siempre un bloque
Ya ha dejado claro que el estilo de juego del Sporting no va a ser el mismo que el de esta campaña y que las premisas serán el ritmo, el toque de balón, la organización colectiva -sobre todo atrás-, la presión en casi tres cuartos de campo -no arriba del todo, pero tampoco esperando- y una cierta dosis de atrevimiento. Preciado quiere que el bloque de sus jugadores adquiera un tempo diferente, para lo cual dispone sobre el terreno de juego dos jugadores de banda profundos, dos pivotes, un media punta y punta claro. Esa es, al menos, la receta a la que habitualmente suele recurrir. La misma que empleó, por ejemplo, para llevar al Levante a Primera.
Que el técnico encuentre o no el equilibrio en un asunto tan peliagudo como éste será su verdadera batalla. Para empezar a lograrlo, espera, mano a mano con Emilio de Dios, completar la plantilla, preferentemente antes de comenzar la pretemporada el 19 de julio, con un ramillete de cuatro refuerzos: un defensa central, un centrocampista de banda y dos delanteros.
Procedente de los terrenos de juego, Preciado tiene poco que demostrar. Sus colegas de profesión inciden, cuestionados por su labor, en ese aspecto: deja ser protagonistas a los jugadores, algo que no todos hacen. Representa el equilibrio, el tono pausado. Enemigo de las concentraciones previas a los partidos, pero amigo de las rotaciones, y técnico con criterio en los entrenamientos, en su etapa en el Levante solía ejercitarse con los suplentes, mientras los titulares lo hacían con su segundo, para evitar roces en la plantilla.
Manuel Preciado tiene una forma de ser especial -«atípica», según sus propia palabras-. Entiende el fútbol como algo sencillo, de forma muy similar al remo, del que se declara gran aficionado, especialmente de la trainera de su pueblo, El Astillero.