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Sábado, 24 de junio de 2006
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Siete detenidos en Miami por preparar un atentado contra la Sears Tower de Chicago
El grupo de afroamericanos contó sus planes a un agente del FBI que se hizo pasar por un alto representante de la red extremista de Al-Qaida Los arrestados ni siquiera tenían fotos de sus objetivos y los familiares están convencidos de que se trata tan sólo de un montaje policial
Siete detenidos en Miami por preparar un atentado contra la Sears Tower de Chicago
FAMILIAR. La hermana de uno de los detenidos expresa la inocencia de su pariente en una rueda de prensa improvisada. / EFE
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Sus actividades subversivas eran, en palabras del director adjunto del FBI, John Pistole, «más aspiraciones que operaciones», y su detención ha sido calificada de «preventiva». En otras palabras, los siete afroamericanos detenidos el jueves, dos de ellos nacidos en Haití, querían convertirse en suicidas, en el mejor de los casos, pero por el momento ni siquiera tenían una cámara para filmar sus objetivos. Eso sí, la operación desató ayer una enorme cobertura mediática y un debate aún mayor sobre el peligro de que surjan células extremistas en Estados Unidos.

«Nuestra filosofía es intentar desactivar los planes en las fases más tempranas posible, porque no sabemos lo que no sabemos», dijo Pistole, cuyo departamento se ha colgado la medalla de la operación. «Si los dejamos correr se pueden convertir en grupos tan peligrosos como Al-Qaida», advirtió el fiscal general Alberto González, que reconoció que el grupo detenido en Miami y Atlanta «no representaba una amenaza inminente».

Por el momento todo indica que los siete aprendices de brujo tenían poca madera para convertirse en 'terroristas respetables'. Vivían en uno de los barrios más pobres y peligrosos de Miami, Liberty City, tenían antecedentes penales y ni un centavo en el banco, y fueron a pedirle ayuda financiera a un agente del FBI que se hizo pasar por un representante de Al-Qaida, después de que alguien del barrio le contactase en diciembre pasado para contarle las intenciones del grupo. Es a ese chivato a quien culpan las familias de lo que califican de montaje. «La gente les veía vestidos de negro haciendo kárate y ya decían que eran de Al-Qaida».

Los 'wannabe' de Al-Qaida, como les llamaban ayer en los medios de comunicación estadounidenses por sus frustradas aspiraciones de querer ser terroris- tas, formaban parte de una secta y practicaban artes marciales a las afueras de un almacén sin ventanas, pintado de rosa, que unos llamaban «la embajada» y otros «el templo».

Entrenamiento

Allí se reunieron en tres ocasiones con el agente del FBI perteneciente a la Fuerza Conjunta Antiterrorista del Sur de Florida, según la acusación. Durante el primer encuentro, en febrero pasado, Narseal Batiste, líder del grupo, pidió al falso representante de Al-Qaida «entrenamiento para cinco de sus soldados», botas, cámaras, y uniformes. En la segunda, e1 16 de marzo, correspondieron a la entrega de una cámara digital «jurando» lealtad a la organización islámica con la que creían tratar. Diez días después volvieron con imágenes de sus posibles objetivos en Miami: cinco edificios federales entre los que se encontraba el del FBI.

La Torre Sears de Chicago, la más alta del país desde la desaparición de las Torres Gemelas, formaba parte de sus aspiraciones como mártires porque uno de los siete detenidos había trabajado en ellas. Con la ayuda de Al-Qaida prometían un atentado «igual o más grande que el del 11-S» de 2001, en el que matarían «a todos los diablos que podamos».

Los expertos asumen que las autoridades lo tienen todo grabado, pero hasta que eso se demuestre los vecinos y familiares no salen del escepticismo. Batiste era descrito como «un tipo humilde y trabajador que ayuda a su mamá», insistía Sylvane Plantain. «Lo digo porque es verdad. Lo que pasa es que no entienden lo que hace, y todo lo que no entienden les parece sospechoso».

Se refería al estudio de la Biblia que supuestamente llevaba a cabo el grupo conocido como 'Sea of David' (Mar de David). Aunque fuentes del Gobierno norteamericano les han descrito como «musulmanes radicales», sus familias sostienen que son católicos y mostraron algunas de sus biblias a las cámaras de televisión para dar fe de que eran «como otra cualquiera».

Algo en lo que coincidía Ahme Bedir, representante del Council of American-Islamic Relations, que pidió a los medios que dejen de llamarles musulmanes «porque no lo son».



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