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Sábado, 24 de junio de 2006
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OPINIÓN
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Escombrera
EN una ciudad, en una carretera, en casa propia o ajena y hasta en los cuerpos de los seres humanos es casi obligado acometer obras. Y desde luego que no es agradable, porque una obra, sea para lo que sea, no sólo remueve escombros, produce suciedad e incomodidad, accidentes e incidentes mil, sino que te pone frente al ser primitivo que llevas dentro.

Todos tardamos en tomar la decisión de ponernos el mundo por montera y empezar una reforma. Servidora, sin ir mas lejos, está de obras en su casa y, como hay que poner al mal tiempo buena cara, les diré que estoy empezando a encontrarme cómoda.

Nada está en su lugar, de manera que ni pierdo el tiempo en busca; simplemente me voy apañando. Que no aparece la sartén, me como un melón. Que las sandalias se esfumaron en alguna montonera, pues me pongo botas. El polvo campa por sus respetos en todas partes. Pues dejo notas a mi familia, escritas con el dedo índice directamente sobre la madera de una mesa. Por ejemplo, que alguien compre leche y curiosamente es más efectivo que el post-it o los horrendos imanes de la nevera. Vivo en estado de permanente alegría como de niña y canturreo entre los cascotes. En los suelos de mi casa hay tiradas revistas viejas que no sólo protegen el suelo; sirven también para enterarse de sucesos excepcionales: «Nuevo corte de pelo de Julián Muñoz». Fíjense, de no ser por las obras se me escapa esa gran exclusiva.

Ahora mismo, y a pesar de la escombrera en la que se ha convertido mi hogar, voy descalza. Entre ustedes y yo, sé dónde están las zapatillas, pero me niego a ponerlas. Y he dicho que no las encuentro. No tengo visillos ni cortinas y está despertando en mí un punto de exhibicionismo extraordinario.

Tomo cervezas con los directos responsables del desastre y estoy haciendo amistades, como las de 'Gran Hermano', para toda la vida.

Y a través de estos operarios me he enterado del horrendo alicatado que tiene un famoso de la ciudad

Y después de todo esto, de esta experiencia fantástica, me va a quedar una casa preciosa. Pero echaré de menos esta temporadita entre las barricadas.



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