«Hemos llegado a un límite que ya no acepta ningún debate. Es la ignominia y la destrucción irreversible del Naranco». Con estas palabras, el portavoz municipal de IU, Roberto Sánchez Ramos, resumió ayer su análisis de la situación de las canteras en el municipio.
La coalición, junto a vecinos y ecologistas ofreció una rueda de prensa donde denunció que la mina de Caleros de Brañes ha rebasado los límites de su autorización. «Es una situación ilegalizable que tratan de tapar con la ampliación en 60.000 metros», que tramita la consejería de Industria, advirtió.
De hecho, el avance «ilegal» del frente de la cantera «ha hecho desaparecer un camino público en la realidad, pero no en la ficción» del expediente de ampliación de la cantera». Si Industria aprueba la propuesta de la empresa, señaló Carlos Lastra, de ANA, la mina «se llevará por delante otro camino».
No es la única irregularidad que atribuyeron a la explotación. «Incumple el Plan de Canteras», afirmó Sánchez Ramos, y mostró fotografías en las que «se aprecia que el frente de la cantera está a menos de 300 metros, apenas a 30, de núcleos habitados». Ironizó sobre el «sofisticado sistema de vertidos de la empresa» y mostró cómo bajo tapas de registro se ocultan cañerías que «vierten los residuos directamente al Nora».
Un «matrimonio»
«Nadie controla las canteras, ni el Ayuntamiento ni Industria. No interesa, lo que hay es un gran matrimonio económico», denunció el portavoz de IU. Expuso algunas de las razones: de estas canteras, dijo, sale la piedra con la que se rellena el 'macropuerto' de Gijón. «Más de 100.000 camiones llenos del Naranco».
La coalición, los vecinos y las organizaciones ecologistas aprovecharon ayer, último día del periodo de información pública de la propuesta de ampliación, para presentar sus alegaciones al proyecto, «que uniría Caleros de Brañes con la cantera de Ensidesa, justo detrás del Sagrado Corazón», según describieron.
Los recursos coinciden en denunciar la «ilegalidad» de la ampliación 'de facto' de la cantera, y la contradicción entre autorizar el aumento del campo de explotación con la protección de la sierra que tramita el Principado bajo la figura de parque periurbano. «¿Para eso fuimos a jornadas sobre el parque?», preguntó Carlos Lastra, quien reclamó la participación activa de la consejería de Medio Ambiente.
Las molestias para los vecinos, la contaminación acústica, los vertidos al río Nora, el polvo en suspensión o las voladuras, son lagunas de las razones que aducen los vecinos en contra de la ampliación de la explotación.