Pravia se convirtió anoche en un festival donde música, buen ambiente, compromiso y diversas propuestas culturales se mezclaron a partes iguales. A media tarde, el recinto que acoge el Derrame Rock ya daba cuenta de lo que serán estos tres días: una macro fiesta de fieles que repiten y nuevos seguidores que acuden este año por primera vez a una cita ineludible con el rock español. Eso sí, todos con la tienda de campaña a cuestas.
En esas andaban Patricia Álvarez, Eva García y Sandra García, de 20 años,que montaban la que será su vivienda durante estas tres noches. Las tres amigas, que celebran haber terminado ya los exámenes de Geología de la Universidad de Oviedo, desvelaron, entre golpe y golpe de martillo, lo más sorprendente: «Venimos de camping -dice Sandra- y, ya que estamos, escuchamos música.No controlamos mucho de este estilo de música».
Nada más lejos de la realidad, pues Eva, que ya estuvo hace un año en el Festimad, sí tiene sus favoritos: Celtas Cortos, mientras que Patricia adora a los Def con Dos. Planean días de conciertos y baños de sol, donde la única preocupación que rondará sus mentes será a la hora de la comida: «No hemos traído nada para cocinar, aunque sí tenemos cosas envasadas al vacío para hacer sandwiches, y tortilla y empanadas», explica Eva.
En cuanto al proyecto del Derramidea, el espacio destinado a la lucha de las mujeres por la libertad, Sandra cree que es una buena iniciativa pues, a su juicio, «aún esta mal visto por la sociedad que las mujeres se suban a un escenario. En el fondo, la sociedad sigue siendo machista».
A escasos metros de allí, Olga Fernández no está de acuerdo con esa idea. «Se está explotando demasiado todo lo de defender a la mujer. A veces es necesario, pero creo que a la mínima se intenta colar el tema del feminismo», dice. Ella ha venido con un amigo, Daniel Álvarez, que, entre otras cosas, ha traído una guitarra española para entretener los tiempos de espera.
Como Eva, Daniel tiene muchas ganas de ver a Celtas Cortos y comprobar cómo suenan una vez reincorporado Jesús Cifuentes, cantante y guitarrista, a la formación: «El tío intento hacer su movida con Cifu & la Calaña Sound, no le fue muy bien y ha vuelto a lo que de verdad le gustaba», piensa Daniel, que ayer no pudo hacer noche en el festival porque tenía que trabajar, pero se quedará hoy y mañana.
Aún así no sabe si hoy irá a ver Helloween, una de las viejas glorias que se recupera en el festival: «A mí no me pega mucho en el Derrame, no por el tipo de música sino porque es un festival de grupos españoles».
Paisaje y fiesta
Reincidentes al evento son Irene Sánchez y sus amigos, todos de Madrid. Es la tercera ocasión que vienen al festival, haciendo honor a aquello de que los amantes del rock son los más fieles. «Es el estilo más auténtico y es la única música que se escapa de las modas y los grupos como Siniestro Total o Helloween siguen atrayendo gente». A Irene no sólo le llaman los grupos del cartel de este año, también el enclave en el que está situado el recinto. «Me encanta que la zona de acampada sea verde, que el paraje sea natural. Hay otros festivales tipo Viñarrock en los que los grupos son similares pero la zona de acampada es una mierda. Aquí hay mejor clima y podemos ir al río». Ella ha venido a ver a Banda Bassotti, algo con lo que el resto del grupo no coincide. Eduardo, por ejemplo, prefiere a Síncope, pero todos tienen una zona común de gustos, por donde navegan grupos como Los Delinqüentes o Barricada.
Previsores, los amigos han traído cartas para pasar las mañanas, que sin duda serán las más aburridas y «bueno, nos daremos un paseo por la sidrería que hay al lado de la plaza, vamos a levantar el comercio local», dice Eduardo entre risas.
Al otro lado
Menos encantados se muestran los encargados del mercadillo que hay a la entrada del festival. Y es comprensible. Para ellos, estos tres días suponen trabajar a unas horas intempestivas. Lorena Álvarez y su marido, Abel Suárez, terminaban ayer de montar su espacio. «No había stand, así que nos han dejado unas telas. Si llueve se nos va mojar todo». Su puesto tiene de todo: bisutería, muñecos y hasta ropa interior más o menos sexy. Lorena, que ha estado en más festivales, no tiene queja de la gente «Normalmente, se portan bien, nunca hemos tenido ningún problema». Para ella, serán tres días de trabajo, para el resto un festival inmejorable.