A Fernando Alonso sólo le falta por lograr un podio de todos los circuitos del campeonato y ése es Indianápolis. El asturiano espera romper su racha negativa en el trazado norteamericano, donde nunca ha conseguido finalizar una carrera desde que debutó en la Fórmula-1. Considerado el circuito más grande del mundo, en Indianápolis pueden entrar 250.000 espectadores. Con una distancia de 4,192 kilómetros, es la sede de la carrera más imporante de Estados Unidos: las 500 millas.
En los 6 años que se lleva disputando el Gran Premio de Estados Unidos de Fórmula-1 en el circuito de Indianápolis, Ferrari se ha impuesto las cuatro últimas temporadas, con tres victorias consecutivas de Schumacher en los últimos años. El año pasado, los problemas con los neumáticos Michelin en 7 equipos hizo que sólo 6 monoplazas participaran en la prueba ante las quejas de aficionados y comentaristas.
El circuito estadounidense se caracteriza por el famoso óvalo y por la potencia, crucial en la recta aunque también para reducir en la zona de curvas. El predominio de la velocidad en el trazado hace que los equipos usen menor carga aerodinámica al igual que ocurre en Canadá, e incluso se pueden llegar a alcanzar los 320 kilómetros por hora. Con una parte muy lenta y otra muy rápida, Indianápolis exige que la aerodinámica sea lo más decisivo para hacer bien las dos zonas a lo largo de las 73 vueltas que deberán dar los pilotos al circuito norteamericano.