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Domingo, 2 de julio de 2006
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SOCIEDAD Y CULTURA
 Actualizado: 1.25 a.m.
 
EDICIÓN IMPRESA
 
RATZINGER. Benedicto XVI saluda desde un balcón. / E. C.
Sociedad
Aeropuerto de Manises. A 8 kilómetros del centro histórico. Hora local, 11.30. Aterriza un avión procedente del velódromo romano de Fiumicino que ha partido esa mañana, a las 9.30. Restan por delante 30 horas de estancia antes de abandonar España. Aunque bien lo merece Valencia, al Santo Padre no le está permitido callejear cual turista anónimo. Razones obvias, debe ajustarse al itinerario, casi todo en vehículo, y dar esquinazo a la improvisación. La Valencia marinera, la del tercer milenio, la barroca y la renacentista, la musulmana y medieval, la clásica, la visigoda, también la modernista, en fin, la Valencia que día a día multiplica sus encantos, estará, toda ella, a disposición de los peregrinos que acudan al V Encuentro Mundial de las Familias. Y también de los turistas que, antes y después del próximo fin de semana, quieran conocer la capital del Turia. El viajero puede adentrarse en la ciudad por la avenida del Cid. Así lo hará el pasajero 'D'. Entonces, doblarán las campanas de las iglesias. Yugos y contrapesos de metal se han restaurado para la ocasión y aseado el bronce con chorros de arena.
 

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