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Domingo, 9 de julio de 2006
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GIJÓN
AL AIRE
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DESDE el cámping de Bañugues, donde el amigo Dascoíte pasa un mes de vacaciones en compañía de su familia numerosa y hasta de un hippie sesentón que se les pegó por la cara, me llegó un pichón mensajero portador de un fragmento de esa magna e incesante obra lexicográfica que lleva por título 'Diccionario del disparate':

El pichón con arroz estaba riquísimo, y espero que a ustedes les guste la transcripción del mensaje que portaba»

Adolesciencia: aplícase a la carencia de conocimientos científicos por razones de edad.

Erudicción: afectación en la manera de hablar de algunos eruditos, como es el caso del búlgaro-astur Orutra Saira, capaz de decir cosas como estas:

«Los efluvios etílicos de la sidra proporcionan al bebedor inteligente una potenciación de su capacidad mental y engendran en él una notable sutileza crítica de la que dimana un gran tedio al escrutar las cosas y ver que en su inmensa mayoría están hueras y carecen de consistencia. De ahí que algunos adoradores báquicos nos veamos en la tesitura de tener una visión pesimista».

Inútil: sinónimo de político en muchas más oportunidades de las que fuera menester.

Niilista: al concluir el tecleo de este vocablo, sostuve un breve diálogo con la señora de la limpieza, que hace también las veces de correctora:

-¿Se escribe con hache intercalada entre las dos primeras íes!

-Ya, bobina, pero el caso es que soy tan niilista que ni creo en las faltas de ortografía.

Panegírico: discurso de alabanza de una persona que, como la propia etimología de la palabra indica, es un auténtico pan alimentador de vanidades. Claro que también existen notables excepciones, como la de un destacado líder político, que vio interrumpido un gratificador paseo sobre la arena por la presencia de un admirador que comenzó a darle la tabarra cantando las virtudes del hombre público, hasta que éste detuvo su marcha ante un cartel que señaló al pelmazo al tiempo que se lo leía en voz alta: «¿Se prohíben los juegos de pelota!».

Saber: tiempo ha tuve un arrebato de originalidad sin cuento y parí una frase que pasó a formar parte del dominio público: «El saber no ocupa lugar».

Ya lo saben ustedes. Y ahora, un arrebato de erudición: como escribió Juan Ramón Jiménez, «saber es ir llenando de cajas vacías el desván de la ilusión».



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