Pedro Castro, director del Servicio Regional de Investigación Agroalimentaria (Serida) y portavoz del PSOE en Villaviciosa, respondió ayer a las críticas lanzadas por los diputados populares Alejandro Cuétara, Ramón García Cañal y José Manuel Felgueres por el asunto de las patentes de las 14 variedades de manzana seleccionadas que figuraban a nombre de los investigadores del centro Enrique Dapena y Dolores Blázquez -esposa del director del Serida-.
Los diputados populares pidieron el pasado viernes la dimisión de Castro después de que el Tribunal Superior de Justicia de Asturias (TSJA) rechazase un recurso de los investigadores contra el archivo de la querella que habían presentado contra los parlamentarios por injurias y calumnias. El director del organismo señaló al respecto que la decisión judicial «supone un balón de oxígeno» a los populares «al exonerarles del delito penal que se les imputaba», pero «de ahí a pretender que tienen razón en su posición en el asunto de las variedades de manzanas dista un trecho excesivo».
Para Castro, la principal intención del PP es «atacar la imagen del director del Serida y portavoz del PSOE en Villaviciosa», asegurando que es «absolutamente falsa la afirmación de los diputados de que fue la parte denunciante la que faltó a la verdad. Ellos hicieron su trabajo como científicos y exigían el reconocimiento como tales. Se limitaron a defenderse de acusaciones que consideraron injuriosas y calumniosas».
Sólo las comerciales
El director del Serida señaló que «es igualmente falso que hubiera contradicciones entre lo dicho por los investigadores ante el TSJA» y lo que él dijo en la Junta General del Principado, «como se puede deducir fácilmente en la lectura del diario de sesiones».
Asimismo, recordó que «el registro de 'variedades comerciales' es obligado para adaptarse a la normativa vigente en materias de semillas y plantas de vivero, mientras que el registro de 'variedades protegidas' es una conveniencias cuando existen figuras de protección como las denominaciones de origen y de calidad, como en Asturias tiene la sidra y la faba». Las acusaciones populares llevó al Serida a mantener tan sólo las comerciales, «lo que no beneficia a un sector que no tardará mucho en percibir quiénes defienden sus intereses y quiénes defienden otros muy distintos».