CON las velas hinchadas por el Eolo de la imaginación, la nao del 'Diccionario del disparate' continúa su singladura por el bravío mar lexicográfico, capitaneada por un Dascoíte, que gusta de atracar brevemente en el puerto de aquesta columna.
Mientras le atizaba a un porrón de orujo peleón por mor de recuperarme del ingente esfuerzo intelectual que supuso la alegoría del párrafo anterior, recordé estas palabras de alguien que manifestó su opinión respecto a la querencia de este escribidor hacia las ficciones en virtud de las cuales las cosas representan o significan otras diferentes:
-Es una auténtica paradoja que tus alegorías causen una alegría que da ganas de llorar, y hasta alguna que otra alergia.
-¿Acaso eres un crítico presumido, censurador y murmurador? -preguntéle.
-Zoilo -me respondió. Y así fue como entablé mi primer contacto con quien luego resultó ser el apodado Dascoíte. Una crítica constituyó el inicio de una buena amistad, que es la que me permite ofrecerles con cierta frecuencia fragmentos de la magna obra lexicográfica del mentado. Cual es el caso:
Amor: un hombre sin mujer que lo ame, y viceversa, son como peces sin bicicleta.
Capacidad: no es raro que quienes suelen tener proyectos que sí funcionan son los que no dan golpe. Mas existen notabilísimas excepciones, como es la del polifacético inglés William Blake, poeta, grabador, pintor, filósofo un hombre perfectamente capaz de ver un mundo en un grano de arena y un cielo en una flor silvestre, de tener el infinito en la palma de la mano y la eternidad en una hora. ¿Que cunda el ejemplo!
Furruñosa: la espada de la Justicia.
Impuesto: en opinión del viejo anarquista Acracio Barricaes, «el únicu impuestu revolucionariu en estos tiempos desigualdad sin cuentu, sería uno que pusiera fin a esos impuestos indirectos (tabaco, alcohol, gasolina y un etcétera interminable) que pagamos por igual probes que ricos, un agraviu permanente que institucionaliza la igualdad entre desiguales».
Mentir: aunque existan mentirosos patológicos, lo normal es que la capacidad de mentir a los demás y a uno mismo se vaya adquiriendo con la experiencia, según queda patente en este ejemplo de ignorancia en el mentir:
«-Mi hijo Pepito está enfermo y hoy no puede ir al cole, señor director.
-¿Quién me llama?
-Mi padre».