COMO la información es poder -y esto todos lo sabemos-, el control de las imágenes de Benedicto XVI no ha dejado de suscitar una de esas peleas a dentelladas que tanto abundan en torno a los grandes acontecimientos. Aquí la guerra ha tenido dos escenarios. Uno, la cocina de la imagen, especialmente en los actos protocolarios y oficiales del Papa, con TVE como protagonista de la querella. El otro escenario es la hoja de reclamaciones, con la oposición de la Comunidad Valenciana y de Madrid pidiendo explicaciones a sus respectivos canales públicos por una cobertura que consideran excesiva. Lo de la cocina: toda la cuestión se reduce a los medios que pudieron entrar en la entrevista del Papa y Zapatero en el Palacio Arzobispal de Valencia.
La organización había previsto el perfil más institucional posible, es decir, las televisiones públicas de España (TVE) y del Vaticano, lo cual parece lógico. Pero como las funciones de la televisión pública en España están bastante alteradas por el protagonismo de los canales autonómicos, se suscitó un conflicto entre TVE y el canal valenciano Canal Nou; conflicto agravado por el hecho de que la cobertura de Canal Nou, en este acontecimiento, ha sido muy superior a la de TVE. Se ha denunciado que TVE no quería bajo ningún concepto que Canal Nou entrara en la recepción del Papa a Zapatero; al parecer -se dice-, La Moncloa no se fiaba del trato que la televisión valenciana pudiera dispensar a Zapatero, que ya estaba siendo abucheado en el exterior de palacio. Finalmente, tuvo que ser la televisión vaticana la que cediera sus imágenes a la televisión valenciana.
Y el otro escenario del rifirrafe, ya digo, han sido los respectivos órganos de discusión de las comunidades madrileña y valenciana. La oposición socialista en ambas comunidades sostiene que no. Pero, entonces, ¿para qué sirve un canal publico? A los canales autonómicos en general, y a estos dos en particular, hay que reprocharles que gasten tiempo y dinero en una buena porción de programas inútiles y necios, pero no que se vuelquen en la cobertura de una noticia que ha despertado una gran expectación mundial. A ver si, por encima de dimes y diretes, somos capaces de mantener un poco vivo el sentido común.