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Jueves, 13 de julio de 2006
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GIJÓN
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Leopoldo Alas y Ramón y Cajal abren con quejas por la tardanza y la pérdida de aparcamientos
Los comerciantes aseguran que las obras podían haberse ejecutado «en dos meses» para reducir las pérdidas económicas que han supuesto los trabajos Critican que tendrán problemas para descargar la mercancía de los negocios
Leopoldo Alas y Ramón y Cajal abren con quejas por la tardanza y la pérdida de aparcamientos
RAMÓN Y CAJAL. La calle se ha quedado sin zona para estacionar. / PIÑA
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No hubo fotos ni inauguración oficial, pero uno de los principales ejes comerciales y vertebradores del tráfico de la ciudad, las calle de Ramón y Cajal, se abrió ayer al tráfico tras seis meses de «interminables» obras para vecinos y comerciantes.

A las once de la mañana, los operarios daban los últimos retoques y el cartel de calle cortada por obras aún no había sido retirado. Hubo que esperar casi hasta el mediodía para que los primeros vehículos circularan por la calle. No hubo problemas, ni atascos, a pesar de que la remodelación ha supuesto la pérdida de uno de los dos carriles en sentido ascendente en el primer tramo de la vía -entre la carretera de la costa y la calle de Enrique Martínez- al haberse ampliado la acera.

Este ha sido el único cambio en la circulación efectuado, ya que los giros desde Ramón y Cajal en dirección hacia la calle de Uría y la avenida de la Costa y desde ésta a la remodelada calle se mantienen.

La calle de Ramón y Cajal no fue la única que ayer recuperó la normalidad. La valla que impedía el acceso a Leopoldo Alas, cortada también desde hace seis meses para acondicionar las aceras y el firme del asfalto, tardó algo más en retirarse. Hubo que esperar hasta la tarde para que los vehículos pudieran transitar por la vía, aunque las obras, al menos, según los comerciantes, habían concluido hace un par de semanas.

La prolongación de los trabajos, la suciedad, el ruido y, sobre todo, la pérdidas económicas a causa de la falta de clientes, hicieron que la apertura de dos de los tres grandes ejes comerciales en marcha -el tercero es Marqués de Casa Valdés- no fuera celebrado por los comerciantes. La mayoría, de hecho, ni siquiera se había percatado de que los vehículos volvían a recorrer las calles.

«Las obras se han prolongado demasiado, no tanto por lo que han hecho, sino porque apenas ha habido personal trabajando», aseguraba Antonio Brasa desde su estanco de Ramón y Cajal. «Había días en los que la obra estaba completamente parada. Movían un par de baldosas y terminaban la jornada. Y a esto no hay derecho», criticó la propietaria de Chicos, María Aurora Montes.

Los cálculos del Ayuntamiento no son los mismos que manejaban los comerciantes. «Nos dijeron que las obras estarían concluidas en mayo, y en esa fecha sólo estaba terminada uno de los dos lados de la calle», puntualizó Flor Margolles, propietaria de la floristería Margolles.

Charcos, barro y un sinfín de inconvenientes que se han traducido, según los comerciantes, en unas pérdidas económicas que oscilan entre el 30y el 50%. «Entiendo que hay que mejorar las calles, pero un pequeño comercio como el mío es capaz de soportar las pérdidas que generan dos, como máximo tres meses, pero no seis», señaló José Ángel Espina, propietario de un negocio de alimentación en la calle de Leopoldo Alas.

El resultado

Las obras han terminado y muchos prefieren olvidarse de los problemas que han debido superar durante los últimos meses y pensar en que las ventas se recuperarán tras las actuaciones realizadas. La remodelación de la calle -ampliación y acondicionamiento de las aceras y nuevo alumbrado y mobiliario urbano- ha recibido, en general, el aplauso de los comerciantes. Sin embargo, desde algunos negocios, han mostrado su preocupación por la eliminación casi total de las plazas destinadas a aparcamiento y carga y descarga. «Sólo han dejado un pequeño tramo al principio de Ramón y Cajal y vamos a tener un serio problema a la hora de descargar la mercancía», apuntó Carmen Loureiro, propietaria de la perfumería Óscar.

Otros, como Montes, van un paso más allá e insisten en que la pérdida de la zona de estacionamiento puede suponer una pérdida de clientes, máxime cuando en esta zona «no hay ningún parking».



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