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Sábado, 15 de julio de 2006
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GIJÓN
GIJÓN
«Le pedimos que la dejara vivir, pero al final nos la mató», dicen los padres
Vecinos y amigos de la fallecida temen que el juez «dé por loco» al homicida y piden para él «un castigo ejemplar» «Quien mata a su sangre merece arder en el infierno»
«Le pedimos que la dejara vivir, pero al final nos la mató», dicen los padres
PRECINTADO. El triciclo del pequeño Cristian, junto a la puerta del piso de su padre. / P. NOSTI
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Dolores Prieto no pudo llegar sin ayuda hasta el féretro. Le devolvieron a su hija ayer a mediodía, después de que los forenses practicasen la autopsia. 'Loli' se movía despacio hacia la capilla ardiente, encorvada por la pena y sujeta del brazo por su pareja y una amiga. Quiso verle la cara a Desirée por última vez, pero acabó apartando la vista y ahogándose en su propio llanto. Acto seguido, su compañero sentimental, Carlos Pazos, cerró el ataúd. «Tiene muchas magulladuras», explicó el hombre a sus allegados.

«Le pedimos que la dejara vivir en paz, que entendiera que ya no le quería, pero al final nos la mató», lamentaban ayer los padres de la joven. 'Loli' apenas articulaba palabra. «!Me la mataron¿», repetía una y otra vez entre dientes, como si necesitara asimilar el significado de sus palabras. Los padres de Desirée conocían sus problemas de pareja con José. «La echaba de casa y luego quería que volviera, pero ella se cansó. La primera vez, nosotros mediamos para que se dieran otra oportunidad, pero esta última, Desi no quería saber nada de él. Ya no le quería». Ahora, los abuelos confían en que la justicia les permita sacar a su nieto adelante. «Tenemos que luchar por él».

El crimen consternó a todo el vecindario de Portuarios, pero también al de Pescadores, donde vivían los padres de Desirée. Sus amigos y vecinos no podían ocultar ayer su consternación. Sentían rabia. De su boca salían todo tipo de maldiciones. Exigían un castigo ejemplar para el homicida, aunque muchos de ellos se mostraban escépticos. «Le van a dar por loco».

A Amor Díaz la despertaron los focos de los coches de policía. La luz atravesaba su persiana, pero la anciana no se movió de la cama. «Tenía miedo. Lo único que escuché fue mucho movimiento, pero nada de gritos. Me había acostado temprano». Fue la única persona que pasó la noche en el edificio número 20. Por la mañana, dos agentes de Policía la despertaron. Al ver el suelo lleno de sangre, se echó las manos a la cabeza. El día anterior, José le había dicho que Desi se había echado un nuevo novio. «¿Carajo, qué juventudes. Si el mi hombre, que en paz descanse, levantara la cabeza... Nosotros estuvimos juntos casi 60 años!».

La misma indignación sentía Aurora 'La vasca', dueña del quiosco de Pescadores y amiga de la familia de la difunta. «Quien mata a su propia sangre merece morir en el infierno. ¿Cómo fue capaz de hacerle eso al chiquillo? ¿Y a Desi, si andaba loco detrás de ella?». La hermana menor de la fallecida le confesó a Aurora el mal presentimiento que había tenido al ver las ventanas de la casa cerrada, pero la quiosquera le dijo que estuviera tranquila. «¿Qué razón tenía la chiquilla. Si hubiéramos entrado en la casa, ahora Desi estaría viva y su hijo en perfecto estado».

Laura y Leni, dos amigas de la joven, se consolaban frente a la puerta de la casa de José. «Era un cielo de niña, y su madre una gran mujer que luchó con uñas y dientes por sus tres hijas, y encima sola, porque se separó cuando eran pequeñas». Las dos mujeres recordaban, al igual que el resto de sus vecinos, que hace poco más de un mes otra vecina del poblado fue condenada por matar a su novio, en 2003. Geli y Manuel, los dueños del bar Los Bravos, donde habitualmente Desirée recogía a su hijo, no podían salir de su asombro. La habían visto el día anterior, justo antes de que José la matara. «Es un miserable», sentenciaban.

El Carmen más triste

El crimen ha sacudido a los vecinos en plenos preparativos de las fiestas de El Carmen, explicó la presidenta de la Asociación de Vecinos de Portuarios, Margarita Cabana. Desde ayer un mástil con la bandera de España ondea a media asta en el poblado. «Lo hacemos siempre que alguien querido del barrio fallece. La verdad es que no hay ganas de fiesta después de esto, así que el programa se va a reducir a la mínima expresión».

Portuarios vivirá el día del Carmen más triste de cuantos se recuerdan en la barriada. «Habrá un recuerdo muy emocionado para Desirée y su familia en la misa que haremos por ella y los suyos».



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