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Domingo, 16 de julio de 2006
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GIJÓN
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«No quiero ni pensar qué hubiese pasado si el tiro me da más arriba»
«No quiero ni pensar qué hubiese pasado si el tiro me da más arriba»
CONVALECIENTE. Manuel T. A., en el hospital de Cabueñes, tras serle extraída la bala. / P. NOSTI
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Manuel T. A., un joven vecino de 24 años de El Natahoyo, aún no se explica cómo se vio en medio de una lluvia de disparos. Un traicionero balazo que no sabe de dónde vino le ha obligado a pasar por el quirófano en el hospital de Cabueñes, de madrugada, para sujetar con tornillos el húmero derecho, que tiene completamente astillado.

Desde su cama de la planta de reanimación del centro hospitalario trata de reconstruir una trama confusa de la que es indeseado protagonista. «Me encontraba a la altura del puente que conduce al Palacio de los Deportes. Estaba con otros dos amigos y nos disponíamos a irnos ya del recinto. Se oyeron entonces tres disparos, que sonaron muy fuertes. Después sentí el golpe en el hombro», relata Manuel. A partir de ahí se vio envuelto en una vorágine a medida que crecía su desconcierto interior. «Me di la vuelta y al rato estaba siendo atendido en el puesto cercano de la Cruz Roja y un poco más tarde una ambulancia me trasladaba al hospital y me metían en el quirófano», añade el herido de la Semana Negra.

A pesar del trance vivido, Manuel no pierde el humor. Antes del percance había visitado la Semana Negra el viernes y el sábado de la semana pasada, pero ahora dice que si algún día decide regresar al recinto «lo haré con chaleco antibalas». «Tengo un gran susto en el cuerpo. No quiero ni pensar qué me podía haber pasado si el tiro me alcanza unos centímetros más arriba», confiesa.

Cerca de la cabecera de su cama su hermano Antonio y su madre Enedina se hacen las mismas preguntas que el joven herido por arma de fuego. «Podían haber agarrado a cualquiera. Esto no lo entiende nadie», dice Antonio, quien deja en manos de la policía la búsqueda de los culpables de un tiroteo que pudo haber acabado en tragedia.

Enedina pide que «detengan a los criminales» que han incrustado una bala en el hombro de su hijo. «No estamos en Israel, pero hay tiros igual», se queja la mujer, quien dice no concebir que en un recinto cultural y de ocio como la Semana Negra «pueda entrar gente con armas de fuego debajo del brazo».



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