AFIRMABA el filósofo Dalmacio el Cínico que «entre la Historia y la Mitología no existen tantas diferencias como pudiera parecer a simple vista y, en cualquier caso, la mayor de ellas estriba en la imaginación, que casi siempre suele decantarse hacia la primera: esa mentira encuadernada».
Sea como fuere, el historiador Polibio de Peñamellera Alta escribió una curiosa y documentada monografía sobre seres mitológicos astures, en la que no faltan referencias a trasgos, diaños burlones, cuélebres, xanes, nuberos, políticos competentes En uno de los capítulos, el dedicado a las ninfas de cabellos de oro que habitan en las aguas del Principado, narra Polibio el nacimiento de la xana Alibis de entre la espuma de las olas:
«Cuenta la tradición oral que la más bella de las ninfas apareció por vez primera en la playa de La Ñora (tanto la añoraban luego los lugareños que bautizaron el lugar con ese nombre de tan clarísima reminiscencia de la aflicción causada por un bien perdido).
»El soplo del Nuberu impulsó sobre las murmurantes olas cantábricas la concha nacarada que contenía a la xana. En cuanto se acercó a aquella playa sus dos valvas se abrieron y surgió Alibis en todo su esplendor. Conforme andaba por la arena nacían flores bajo sus delicados pies. Asombradas por el prodigio que acababan de contemplar, xanas procedentes de ríos, arroyos y calas del entorno, todas ellas tocadas con ínfulas áureas, la recogieron, secaron su cuerpo, lo limpiaron de algas, retorcieron en espiral sus rubios cabellos y la ataviaron con ropaje perfumado. Tocaron su cabeza con diadema de oro, prendieron de sus orejas aretes de flores de metal precioso y anudaron en torno a su cuello lujosos collares. Después le ofrecieron un carro tirado por palomas con el que se trasladó al Olimpo, donde hizo estragos en los corazones de los dioses durante su estancia allí, amén de ser la introductora en la sede divina del néctar y la ambrosía o, lo que es lo mismo, de la sidra y de los oricios.
»Siglos más tarde volvió a sus orígenes astures, donde un pobre aborigen se enamoró de ella sin saber que una ley de Alfonso I lo prohibía terminantemente, so pena de ser condenado a reencarnarse en historiador por toda la eternidad ».
(Según un reputado mitólogo, Alibis es Sibila, la bruja de El Natahoyo, a la que Polibio profesa un oculto e intenso amor).