La más que posible detención del ex alcalde de Marbella, Julián Muñoz, era un secreto a voces. Una crónica ya anunciada no sólo por tener pendiente de cumplir una pena de seis meses de cárcel por el 'caso Banana Beach', ni por otras sentencias condenatorias -aunque recurridas ante los tribunales-, sino porque Muñoz también formaba parte de la trama de corrupción inmobiliaria e institucional investigada por la Policía.
Julián Muñoz, llegó a la Alcaldía de Marbella en abril de 2002 tras la inhabilitación de Jesús Gil durante 28 años por el 'caso de las camisetas del Atlético de Madrid'. El idilio entre Gil y Muñoz, iniciado en 1991, se prolongó hasta después de las elecciones de 2003.
Una de las medidas que adoptó Muñoz tras ganar los comicios, y que no gustó a Gil, fue prescindir de los servicios del ex gerente de Urbanismo, Juan Antonio Roca. Muñoz ofreció la cabeza de éste a la Junta de Andalucía para intentar sacar adelante el Plan General de Ordenación Urbana de Marbella.
Meses después, Gil y Muñoz tuvieron un sonado intercambio de acusaciones en televisión, que provocó una tormenta judicial. Al final, prefirieron firmar la paz, ya que sabían que el haber expuesto sus vergüenzas en público podía tener consecuencias penales fatales para ambos. En cualquier caso, Jesús Gil se sentía traicionado por el que era su protegido y delfín, y ya nunca se volvió a recomponer la relación.
El siguiente episodio protagonizado por Julián Muñoz acabó con su salida de la Alcaldía. Desafiar a Juan Antonio Roca tuvo consecuencias fatales para él, ya que el ex asesor de Urbanismo movió convenientemente los hilos para poner fin a su etapa de gobierno de la localidad costasoleña. Firmaron aquella moción ocho gilistas, tres tránsfugas socialistas y tres rebeldes del Partido Andalucista (PA). Su lema, curiosamente, era devolver la limpieza y la honestidad a la gestión del Ayuntamiento. Todo lo que rodeó aquel episodio fue oscuro, igual de oscuro que todos los años anteriores hasta 1991, cuando Gil tomó el poder de la ciudad y la convirtió en el paraíso de la especulación.
La Fiscalía decidió abrir una investigación para aclarar lo sucedido, pero en febrero de 2004 archivó las diligencias abiertas por falta de pruebas. En realidad, lo que se había tejido allí era no sólo un pacto político sino también un pacto de silencio para intentar mantener la impunidad frente a cualquier investigación que se abriera. Hoy, la situación jurídica de los concejales que firmaron aquella moción es de prisión por cohecho relacionado con tráfico de influencias y prevaricación o libertad con cargos con fianza. Un dato sin duda significativo.
Tras el varapalo político, Muñoz se refugió como camarero -su primer oficio cuando llegó a Marbella- en el restaurante La Cantora de Fuengirola, cuya propietaria era su compañera sentimental, la tonadillera Isabel Pantoja. Platos como el 'pollo a la Pantoja' adquirieron gran popularidad, aunque el negocio no fue muy bien.
El ex alcalde abandonó su acta como diputado provincial, creó un nuevo partido, y se convirtió en protagonista de programas 'rosa' por su relación con la cantante.