HAN comenzado las hostilidades. El cuerpo a cuerpo se abrió camino ayer en el debate político municipal. Unos se reprochan vivir en una ciudad de ensueño. Otros, de aspirar a gobernar sin ser capaces de controlar un grupo municipal de 11 concejales. ¿Argumentos? Muchos ya conocidos. Volvieron a la palestra 'Caperucita', 'Alicia en el país de las maravillas' , la 'superwoman' y hasta a el 'lobo feroz desdentado', como definió Sanjurjo a la líder de la oposición.
Detrás de estos calificativos 'cariñosos', hubo mucha más carga letal, más dinamita, sobre todo destilada desde los bancos del PSOE hacia Pilar Fernández Pardo. La portavoz del PP aguantaba el chaparrón sonriendo, aunque no tenía para donde mirar, como no fuera para el techo. A su derecha, en el banco municipal, se entiende, Lucía Ezquerra, componente de los críticos. Enfrente, la lengua mordaz de Sanjurjo que le recordaba que tiene oralmente secuestrados a cinco de sus concejales. A la izquierda, la alcaldesa y, para más inri, delante Vanesa Álvarez, Luisa Peláez y Emilio Noval, éste último haciendo continuos chascarrillos de connivencia con 'Churruca'.
La alcaldesa reprochaba a Pardo su «desmedida ambición personal» y recordada cómo muchos militantes identifican las siglas de PP como el 'Partido de Pilar Pardo'. Metía el dedo en la herida sin remilgo. Unos, algunos muy cercanos, dirán que se lo tenía merecido. Otros, que en campaña electoral todo vale y que el ataque responde a la preocupación socialista por los sondeos. Todos tendrán sus razones. Pardo ya salió airosa en peores plazas. Entretanto, ayer hizo como la Pantoja: dientes, dientes.